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Morena ante el dilema del poder: ¿hegemonía o transformación?


 “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.” Lord Acton


Morena no es solo el partido en el poder; es la estructura política que ha redefinido el sistema de partidos en México. Desde su fundación en 2014, ha pasado de ser un movimiento insurgente a una maquinaria electoral imbatible. En apenas una década, ha logrado lo que al PRI le tomó medio siglo: consolidar un dominio territorial, legislativo y presidencial sin contrapesos visibles, un poder hegemónico. Sin embargo, como todo partido hegemónico, enfrenta un dilema fundamental: ¿profundizar la transformación del país o adaptarse al sistema para perpetuarse en el poder?


De movimiento a sistema: el dilema de la consolidación


La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia en 2024 marcó la transición del obradorismo de un movimiento de cambio a una estructura con su propio aparato de control. La reciente reforma de estatutos de Morena, avalada por el INE, otorga un poder absoluto a la Secretaría de Organización, liderada por Andrés Manuel López Beltrán. Este cambio no solo refuerza la estructura del partido, sino que también blinda su permanencia a través de mecanismos internos de control. Morena ya no es solo la plataforma de la Cuarta Transformación, sino un partido con reglas diseñadas para perpetuar su hegemonía.


Su expansión territorial ha sido acelerada, replicando el pragmatismo político que en su momento caracterizó al PRI. Gobernadores, alcaldes y exmilitantes de partidos opositores han sido absorbidos en una lógica de acumulación de poder más que de consolidación ideológica. La afiliación masiva de 10 millones de nuevos militantes es una prueba de ello: una estructura que crece rápidamente puede perder cohesión y sentido de propósito si no se fortalece su identidad política.


El control del Congreso y del Senado, asegurado mediante alianzas con el PVEM y el PT, ha sido otro pilar de su dominio. Sin embargo, Morena enfrenta una prueba de fuego: la coexistencia entre operadores políticos de tradición obradorista y nuevos cuadros con ambiciones propias. Esta tensión podría derivar en fracturas conforme se acerque la sucesión de 2030.


Trump, Washington y el nuevo tablero geopolítico


La reelección de Donald Trump en 2025 ha modificado el tablero político para México. La relación bilateral, que bajo López Obrador y Biden fue de entendimiento pragmático, ha virado hacia una confrontación directa en temas de seguridad, comercio y migración.


El mayor desafío para Morena es la presión creciente de Washington para endurecer la lucha contra el crimen organizado. Trump ha amenazado con sanciones económicas y con la clasificación de los cárteles como organizaciones terroristas, lo que abre la puerta a intervenciones y presiones unilaterales de del gobierno trumpista.



Narrativa política: del cambio a la administración del poder


El éxito de Morena no solo se debe a su estructura política, sino a su capacidad para construir un relato hegemónico. La Cuarta Transformación ha sido presentada como el proyecto que reivindica a los olvidados, combate la corrupción y enfrenta a las élites tradicionales.


Sin embargo, la consolidación de Morena en el poder ha obligado a cambiar la narrativa. Si antes el discurso se centraba en la oposición al viejo régimen, ahora el reto es justificar su permanencia. La administración de Sheinbaum ha mantenido el lenguaje del obradorismo, pero con un énfasis mayor en la inversión y la eficiencia administrativa. Este viraje podría generar una disonancia con la base popular que llevó a Morena al poder: ¿seguirá siendo un proyecto de transformación o se convertirá en un gobierno de continuidad institucional?


La creciente burocratización del partido es otra señal de alerta. La presencia de López Beltrán como figura clave en Morena refuerza la percepción de que el partido se está cerrando sobre sí mismo. La combinación de una afiliación masiva sin filtros ideológicos y un sistema de control centralizado genera el riesgo de que Morena se convierta en una maquinaria electoral sin capacidad de movilización genuina.


Seguridad: el talón de Aquiles de la 4T


Uno de los mayores desafíos para Morena sigue siendo la seguridad. La estrategia de “abrazos, no balazos” permitió evitar un conflicto abierto con los cárteles, pero también ha sido vista como una política de permisividad.


Con Trump de vuelta en la Casa Blanca, la presión ha aumentado. Washington exige medidas más drásticas y no descarta sanciones económicas si México no responde con una estrategia más agresiva. Sheinbaum ya ha dado señales de endurecimiento, pero cualquier decisión tendrá costos políticos: ceder ante Trump podría debilitar su liderazgo dentro del partido, mientras que desafiarlo podría desatar represalias comerciales y diplomáticas.


Conclusión: Morena y la prueba de la historia


Morena tiene ante sí el reto de definir qué tipo de partido quiere ser. La consolidación de su poder hegemónico  es un hecho, pero la pregunta clave es si usará esa fuerza para profundizar la transformación prometida o si simplemente administrará el sistema bajo nuevas reglas.


La presencia de López Beltrán como operador clave, la expansión territorial sin cohesión ideológica y la presión externa en materia de seguridad son factores que pondrán a prueba su capacidad de renovación. La historia ha demostrado que los partidos hegemónicos pueden mantenerse en el poder por décadas, pero solo aquellos que logran reinventarse sobreviven más allá de sus líderes fundadores.


El mayor riesgo para Morena no es la oposición debilitada, sino la erosión interna. La burocratización, la falta de identidad política clara y la adaptación al sistema que prometió cambiar pueden convertirlo en una versión renovada del PRI. Si Morena quiere evitar ese destino, necesita algo más que números y estructuras: requiere una renovación ideológica que lo mantenga como un proyecto de transformación real, no solo como el nuevo régimen del poder en México.

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