La encuesta dará nombre al coordinador de Cuidar Querétaro; el costo de sumar a los derrotados lo fijó quien renunció a un cargo para seguir compitiendo.
Desde el búnker estratégico de Querétaro
MIRADA CRÍTICA
Inteligencia Política · Narrativa · Poder
Por Raúl Reyes Gálvez
“El poder de restringir a un adversario puede depender del poder de atarse a uno mismo”. Thomas C. Schelling, La estrategia del conflicto (1960)
A las cinco de la mañana, la Bialetti recibe el café al ras y sin apisonar. Si alguien presiona la molienda dentro del filtro para que quepa más, el agua necesita más fuerza para atravesarla, la válvula silba antes de tiempo y lo que sube al depósito sale escaso y amargo.
El panismo queretano compactó su molienda. La versión oficial dirá que la encuesta, cuyo levantamiento cerró el viernes 9 de octubre, le dio a Felifer Macías la coordinación de Cuidar Querétaro. Mi lectura, construida en recorridos por colonias capitalinas, es distinta: el resultado ratifica un acuerdo de cúpulas, y lo que el aparato apretó para que la decisión cupiera exige ahora más presión para que alguien la opere.
Luis Nava encareció el precio de la unidad del PAN, y la pregunta es cuánto pagará el grupo de Felifer para que los derrotados trabajen por quien los derrotó. La teoría de juegos, la rama de la economía que estudia decisiones cuyo resultado depende de lo que hagan otros, describe la unidad posterior a una contienda interna como un pago lateral: lo que el ganador entrega a los perdedores para que pongan su estructura al servicio de la candidatura.
Una medición al servicio de un acuerdo previo
La fractura viene de 2025 y el resultado la lleva a la cima del partido. La coordinación de Felifer se lee como la victoria de la dirigencia nacional de Jorge Romero y Ricardo Anaya sobre el grupo que gobierna Querétaro desde 2015, el de Mauricio Kuri y Francisco Domínguez. Cuando el centro gana la sucesión, las bases que nunca se sentaron a esa mesa quedan sin obligación de sumarse a un acuerdo de cúpulas que no las incluyó.
Thomas Schelling, el economista que estudió la negociación entre adversarios que se necesitan, mostró que una amenaza se vuelve creíble cuando quien la formula se ata las manos. Nava lo hizo el miércoles 16 de septiembre al renunciar a la Secretaría de Desarrollo Social, porque quien ya pagó ese costo no se conforma con una compensación menor, y después propuso que la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) participara en las mediciones. La encuesta debía ser lo que el mismo autor llamó punto focal, una referencia compartida que permite coordinarse sin negociar cada paso. El lunes 5 de octubre, un video sobre la filtración de resultados internos rompió esa función, y ese mismo día el exombudsperson Miguel Nava Alvarado, también aspirante, declaró a Publimetro que el proceso no tuvo piso parejo. Schelling explica por qué la amenaza de Nava pesa; nada dice sobre si la ejecutará.
Una disidencia que ya no cabe en las reglas
Nava representaba la esperanza de una disidencia institucional, la de quienes discrepaban del grupo dominante y aun así confiaban en disputar dentro de las reglas. Ese sector lo forman gestores que lo acompañaron en la capital desde 2018, líderes vecinales, representantes de comerciantes de mercados y tianguis, y cuadros medios que vieron a otros grupos decidir sin ellos; su permanencia en el PAN probaba que el partido todavía podía procesar sus diferencias en casa. Con el resultado, la fractura se desplaza de la rivalidad entre aspirantes a la distancia entre el partido y una parte de su propia base.
En un juego que se repite, la cooperación se sostiene mientras cada jugador espera recompensa en la siguiente ronda; cuando un grupo concluye que el reparto siempre se decide en la misma mesa, deja de invertir esfuerzo en el presente porque ya no le asigna valor al futuro. Los recorridos recogen esa lectura: la exclusión de 2026 se interpreta como anuncio de la de 2027, cuando se repartan regidurías, diputaciones locales y alcaldías.
Si Nava dejara el PAN, el partido lo etiquetaría como traidor y absorbería la pérdida. Al quedarse, su amenaza consiste en dejar de operar, una conducta barata e imposible de sancionar, ya que nadie prueba la ausencia de esfuerzo en una sección electoral de Santa Rosa Jáuregui o Felipe Carrillo Puerto. Sus seguidores permanecerán en el partido con una lealtad que ya no implica trabajo, conducta que merece nombre propio: disidencia de permanencia.
Algunos la ejercerán abiertamente; otros, con relación laboral en dependencias o ayuntamientos, guardarán silencio y dejarán circular información hacia fuera, un flujo que la filtración del 5 de octubre ya dejó a la vista. Para el aparato es la variante más cara de la inconformidad, porque ningún estatuto sanciona a quien nunca la declaró. Nada de esto favorece a Nava sin reservas: una amenaza que no se ejecuta pierde valor con el calendario, y su cercanía con Mauricio Kuri resta verosimilitud a cualquier papel de opositor interno.
Los gestores que el aparato dejó fuera
Bruce Bueno de Mesquita explica la supervivencia política como la capacidad de mantener satisfecha a la coalición ganadora, el grupo cuyo apoyo resulta indispensable para conservar el poder. En una elección estatal esa coalición no la forman los votantes uno por uno, sino los intermediarios que los movilizan. El indicador es quién los escucha, y los recorridos de estas semanas registran un agravio repetido, el desprecio con que el grupo de Felifer trató a esas redes durante la sucesión. Como límite, la observación de campo documenta percepciones y no mide su extensión.
Cuando fui regidor de la capital, ninguna obra entraba a una colonia sin el visto bueno de su junta de vecinos. La fractura desborda la capital. En Corregidora y en San Juan del Río, el reclamo por compromisos incumplidos y la escasa operación política hunden al panismo que gobierna ambos municipios, y en el resto del estado las candidaturas impuestas dejaron agravios en cada cabecera. El Marqués funciona como excepción, porque el panismo de Enrique Vega mantiene activas las redes que en otros municipios se dejaron caer.
“Para el aparato es la variante más cara de la inconformidad, porque ningún estatuto sanciona a quien nunca la declaró”.
Según se observa en territorio, la apuesta del grupo de Felifer confía en que el dinero alcanza para sustituir a los intermediarios. El voto es secreto, ningún recurso entregado garantiza lo que ocurre detrás de la mampara, y un operador aporta la confianza que vuelve predecible esa conducta. Si las condiciones se mantienen, los recursos llenarán auditorios y para Armando Rivera Coordinador municipal de MC, como para Santiago Nieto, coordinador estatal de Morena desde el 26 de agosto, encontrará en las colonias panistas menos resistencia de la que reflejan las mediciones, porque una base que deja de operar no aparece en ellas como deserción.
El Partido Popular español vivió incentivos semejantes. En julio de 2018, Soraya Sáenz de Santamaría ganó la primera vuelta entre afiliados, Pablo Casado se impuso en el congreso de compromisarios con el respaldo de María Dolores de Cospedal y, en abril de 2019, el PP obtuvo 66 escaños, entonces su peor resultado en unas generales. La diferencia impide equiparar los casos, pues allí la derrotada se retiró, mientras aquí la disidencia permanece dentro con la información y la memoria intactas.
El acuerdo de cúpulas resolvió quién encabezará la boleta y dejó abierta la cuenta más difícil, la de los gestores que conocen cada calle donde se cuentan votos. Nava le puso precio a la unidad, y el grupo de Felifer apostó a pagarlo con recursos antes que con reconocimiento. Esa decisión ahorra negociación hoy y la convierte en deuda para junio de 2027, cuando la presión acumulada busque salida por donde el partido apretó más. Una cúpula puede designar al candidato; la unidad se la cobran, colonia por colonia, quienes nunca fueron consultados.

