El PAN designó a su coordinador estatal tras siete meses de desgaste interno. Al proceso le sobraron fotografías y le faltaron números para convencer a quienes perdieron.
Desde el búnker estratégico de Querétaro
“Las ofensas deben hacerse todas a la vez, a fin de que, por gustarlas menos, ofendan menos.”
Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, cap. VIII
A las cinco de la mañana la Bialetti avisa antes de servir. Cuando el agua hierve, el vapor empuja hacia arriba y, si algo obstruye el embudo, busca otra salida: primero la válvula de latón del costado; si también está tapada, la rosca que une las dos mitades de aluminio.
Por eso nadie aprieta la rosca para la foto y sella la válvula al mismo tiempo. El domingo 25 de octubre, en el auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, el panismo queretano hizo las dos cosas.
Ese día el PAN nombró a Felifer Macías coordinador estatal de la llamada defensa de la patria, la familia y la libertad, antesala de su candidatura a gobernador en 2027. Agustín Dorantes recibió la capital. Luis Nava, ausente, aceptó por video la coordinación de los 15 distritos locales. ¿Un partido que gobierna el estado desde 2015 todavía sabe cerrar sus heridas, o ya solo sabe fotografiarlas? Todo apunta a lo segundo: el método de designación abrió una crisis política, el acto la convirtió en crisis de comunicación y el discurso la amplió hasta volverla crisis de narrativa.
Siete meses de goteo y ninguna cifra
Maquiavelo aconsejaba hacer las ofensas de una sola vez. El PAN las administró durante siete meses. El 23 de marzo abrió sus candidaturas a ciudadanos sin militancia; el 30 de septiembre, Alfredo Botello Montes, asesor del gobernador, contaba al menos siete aspirantes y ningún método definido. En la semana previa al acto, Mauricio Kuri dijo que el futuro «se escribe con F»; el resultado se insinuó antes de anunciarse.
Martín Arango, dirigente estatal, atribuyó la definición final a estudios cuantitativos y cualitativos que nunca publicó. Empecé en la política levantando encuestas casa por casa y ahí aprendí que un número que nadie puede revisar jamás persuade al que pierde. Ante una calificación invisible, el derrotado elige entre su propio error y el arreglo previo, y la segunda explicación siempre resulta más cómoda.
Cifra, cargo y comparecencia: cero de tres
Un partido cierra una derrota interna cuando aprueba tres condiciones, la prueba de las tres C: cifra, cargo y comparecencia. Cifra, porque el perdedor necesita ver el conteo; cargo, porque la compensación incluye mando real sobre la boleta; comparecencia, porque el derrotado sube al templete y levanta el brazo del ganador. El domingo el PAN reprobó las tres. Arango no publicó números; el dirigente nacional, Jorge Romero, entregó a Nava quince distritos sin mando sobre la candidatura principal; Nava habló desde un video. El límite: la prueba mide la herida, no anticipa conductas.
Esa lógica alcanza también a quienes creyeron en la puerta ciudadana. Miguel Nava Alvarado, exombudsperson del estado, levantó la mano en marzo con la bienvenida de Arango y advirtió que sin piso parejo el proceso sería una farsa. El domingo nadie lo mencionó. Arango había ofrecido cerrar el paso a perfiles de partidos con antecedentes contrarios al PAN; San Juan del Río quedó en manos de Tania Ruiz, funcionaria estatal que en 2015 compitió contra el PAN como candidata del PRI y el Verde a diputada federal y dejó el PRI en 2017. La puerta abierta tenía portero.
Un auditorio con código de acceso
Cuatro días antes, un militante advirtió en sus redes que al acto solo se entraría con invitación. Así fue: acceso selectivo y código QR para pasar lista. Testimonios de asistentes añaden que la convocatoria alcanzó a trabajadores municipales y estatales. Aplicado al servicio público, un código QR convierte la asistencia en constancia. El partido habló de miles de asistentes en un recinto que, según su ficha técnica, tiene 4,749 lugares.
Luego vino la escena incómoda. Al reconocer a coordinadores y familiares, Macías omitió a Dorantes, su coordinador para la capital, y lo nombró hasta que Romero se le acercó a susurrarle algo. Durante el acto, las gradas superiores empezaron a vaciarse, como muestran fotografías y grabaciones difundidas esa misma tarde. El video de Nava se transmitió después del nombramiento y abría con una disculpa por no estar ahí en persona.
Un partido cierra una derrota interna cuando aprueba tres condiciones: cifra, cargo y comparecencia.
Arango proclamó desde el templete que el PAN había llegado unido; Macías, interrogado por la ausencia de Nava, respondió que van «unidos y fuertes». A esto se le puede llamar unidad por invitación: una cohesión con lista de acceso y fotografía de cierre, que se anuncia a diario en redes porque fuera del auditorio no se sostiene. En las cuentas de simpatizantes de Nava se discute si toca apoyar a Santiago Nieto, aspirante de Morena, o limitarse a no votar por Macías.
Un enemigo afuera y el recibo adentro
Robert Entman definió el encuadre como la operación de elegir un problema, atribuirle una causa, emitir un juicio moral y proponer un remedio. El discurso de Macías cumplió las cuatro funciones. El problema es la narcopolítica que avanza en otros estados; la causa, adversarios que según él ya conquistaron buena parte del país; el juicio, la defensa de la familia; el remedio, su candidatura, resumida en la advertencia «aquí se van a topar con pared». Un encuadre prende cuando coincide con la experiencia diaria del votante, y ahí aparece el límite.
El queretano de clase media encuentra el problema en otro sitio. En San Juan del Río, el recibo por diez metros cúbicos de agua pasó de 157.35 a 174.62 pesos en 2026, un alza de 10.9% atribuida por el municipio a un recorte de subsidio. El Paseo 5 de Febrero debía entregarse en agosto de 2023 y acumuló casi dos años de retraso. La secretaría de obras citó en 2024 un contrato de 1,600 millones de pesos y sostiene que no hubo sobrecosto; Santiago Nieto calculó la inversión total por encima de 7 mil millones. Kuri anunció que la obra no tendría inauguración. En la capital, Macías admitió en septiembre que priorizar el Dren Peñuelas dejó otras obras para después. Un encuadre con el peligro afuera choca con quien lo encuentra en su recibo.
Lo que dejó la primaria de 2016
Estados Unidos ofrece un antecedente útil. Tras la primaria demócrata de 2016, el Cooperative Congressional Election Study, una encuesta académica de unos 50 mil electores, encontró que 12% de quienes votaron por Bernie Sanders terminaron votando por Donald Trump; en Wisconsin, Michigan y Pensilvania esa fuga superó el margen final. El estudio también registró fugas parecidas de republicanos hacia Hillary Clinton, así que la herida explica solo una parte. La diferencia agrava el caso queretano: Sanders perdió con votos contados. Una derrota sin cifra no se puede aceptar ni impugnar; solo se puede rumiar.
Querétaro ya vivió una versión de esta escena. En abril de 2009, Manuel González Valle ganó la candidatura panista con 55.78% del voto interno; Armando Rivera Castillejos, segundo con 33.97%, había denunciado que se condicionaban programas sociales a cambio de apoyo, y el gobernador Francisco Garrido restó valor a la queja. Rivera felicitó al ganador y llamó a la unidad. En julio, el PAN perdió la gubernatura frente a José Calzada. Aquella herida tuvo cifra y aun así costó el estado; la de 2026 ni siquiera la tiene. Una derrota sin cifra no se puede aceptar ni impugnar; solo se puede rumiar.
Una cafetera con la válvula sellada no hace mejor café; manda la presión a la rosca. En junio de 2027, lo acumulado en este proceso saldrá por donde el partido apretó para la foto. La unidad por invitación dura lo que dura la fotografía, y la boleta no pide código QR.



