La Corte validó dos candidatas obligatorias en cinco municipios. La regla cuenta municipios y deja a los partidos decidir cuánta población cabe en esos dos.
Desde el búnker estratégico de Querétaro
“Donde la ley fija cuántas mujeres,
la rentabilidad decide dónde estarán”.
Raúl Reyes Gálvez
Son las cinco y afuera hace ese frío de noviembre que se queda en las manos. Pongo a hervir la Bialetti y bajo dos recipientes: la taza de espresso y el jarro grande de barro. En la cuenta de la casa son dos servicios; uno recibe un trago y el otro casi toda la cafetera.
Algo parecido resolvió el martes 3 de noviembre la Suprema Corte: cada partido postulará mujeres en al menos dos de los cinco municipios queretanos que nunca eligieron presidenta municipal. La regla cuenta recipientes. ¿Quién va a medir lo que cae dentro de cada uno?
Dos candidatas pueden gobernar 5.7% del estado
Por ocho votos contra uno, con proyecto de la ministra Loretta Ortiz Ahlf y el voto en contra de Estela Ríos, el Pleno declaró infundada la acción de inconstitucionalidad 104/2026, que Morena presentó el 13 de agosto contra la reforma a la Ley Electoral de Querétaro. Ríos sostuvo que el rezago histórico, por sí solo, no demuestra que la medida sea necesaria; la mayoría lo leyó como exclusión que corregir. La lista es breve: Querétaro, El Marqués, Colón, Amealco de Bonfil y Tequisquiapan. El comunicado de la Corte fija el margen con claridad, porque los partidos eligen dónde cumplen y la norma no reserva de antemano ningún municipio.
Esa libertad se puede medir en habitantes. Según el Censo 2020 del INEGI, la capital y El Marqués suman 1,281,445 habitantes, 54.1% de Querétaro; Colón y Amealco, 133,962, apenas 5.7%. Ante la ley, ambas parejas pesan lo mismo. Un partido puede registrar candidatas en la pareja chica y conservar para hombres la grande, siempre que el resto de sus postulaciones respete la paridad. A esa posibilidad legal le queda un nombre: paridad sin capital, en los dos sentidos de la palabra, la ciudad y el recurso.
Hacían falta cuatro municipios para tocar la capital
Peter Bachrach y Morton Baratz escribieron en 1962 que el poder también se ejerce al limitar qué opciones llegan a decidirse. Traducido a una cocina: quien escribe el menú ya decidió bastante antes de que alguien ordene. En Querétaro ese menú se escribió en julio. El Instituto Electoral del Estado había propuesto tres municipios; el 9 de julio, en comisión, la diputada Adriana Meza no consiguió sumar esa cifra al artículo 166, y el 14 de julio, en el pleno, se rechazó la reserva de la morenista Rosalba Vázquez para aplicar la obligación en los cinco. El dictamen pasó con 19 votos contra seis.
Hagan la cuenta con una servilleta. Con dos municipios obligatorios, un partido puede esquivar la capital y El Marqués; con tres, también, porque le alcanzan Colón, Amealco y Tequisquiapan. Solo a partir de cuatro la aritmética alcanza a uno de los dos municipios grandes. El marco tiene un límite: Bachrach y Baratz no prueban intenciones. El coordinador morenista Arturo Maximiliano García alegó entonces el temor a contravenir criterios de los tribunales si se señalaban Querétaro y El Marqués, y ese temor pudo ser genuino. Lo comprobable es el efecto: el número aprobado deja intacta la puerta de salida.
Tres partidos, tres cuentas distintas
El PAN gobierna la capital y El Marqués, y sus coordinaciones ya apuntan a Agustín Dorantes y a Rodrigo Monsalvo, cargos que anticipan una posible postulación sin garantizarla. Felifer Macías ganó la capital en 2024 con 252,293 votos en candidatura común con PRI y PRD, casi el doble de todos los habitantes de Colón y Amealco juntos. En octubre, Martín Arango dijo a las panistas “queremos que encabecen” y en el mismo encuentro avisó que un hombre irá por la gubernatura y que la candidata llegará “en seis años”. Quedan sin nombre Amealco, Colón y Tequisquiapan; una versión periodística sin documento del partido anticipa mujeres para finales de noviembre o principios de diciembre. Tania Ruiz, coordinadora en San Juan del Río y sus 297,804 habitantes, matiza la lectura y obliga a medir la lista completa, aunque ese municipio queda fuera de la lista de cinco y no cuenta para esta obligación.
Morena llega con la contradicción más visible. Su bancada local anunció el voto a favor, una de sus diputadas pidió los cinco municipios y su presidenta nacional, Ariadna Montiel, promovió la impugnación contra la reforma. Perdió también en reelección, por siete votos contra dos. Héctor Magaña, alcalde de Tequisquiapan, expresó en febrero su interés de repetir; si lo hace, Morena conserva la misma salida que el PAN, con Colón y Amealco disponibles.
Solo a partir de cuatro municipios la aritmética alcanza a uno de los dos grandes.
El punto ciego está en Movimiento Ciudadano, que ganó Colón con Gaspar Trueba y Amealco con Óscar Pérez. Si decidiera repetir a ambos, cosa que ninguno de los documentos revisados confirma, sus dos candidatas tendrían que salir de Querétaro, El Marqués y Tequisquiapan, y al menos una competiría en un municipio grande. De los tres partidos que gobiernan esta lista, la aritmética solo empujaría hacia un municipio grande al que administra los dos más chicos. Y si PAN y Morena escogen Colón y Amealco, sus candidatas competirían entre sí donde gobierna un tercero, en 5.7% de la población, mientras la capital se disputa en otra liga.
Contar habitantes tampoco mide quién puede ganar
Hay una objeción seria. Un municipio chico puede ser rentable para un partido y uno grande, perdido. La ley reparte candidaturas en bloques de competitividad alta, media y baja según la votación anterior de cada partido, exige paridad en cada bloque y prohíbe dar a mujeres exclusivamente los tres municipios con menos votos de cada uno. En 2024, el alcalde de Amealco buscó reelegirse con la alianza PAN-PRI y perdió ante Movimiento Ciudadano, así que esa plaza no era territorio ajeno para el PAN. El 5.7% mide cuánta gente gobernaría una alcaldesa, sin decir nada sobre su probabilidad de ganar. Para saberlo faltan los márgenes de 2024 desagregados por partido, y una coalición complica esa cuenta porque sus votos no pertenecen a una sola sigla.
Francia ofrece el antecedente. La politóloga Rainbow Murray documentó cómo la ley de paridad del año 2000 chocó con las prioridades de los partidos al seleccionar candidaturas, y cómo muchas mujeres terminaron en distritos difíciles de ganar. En 2002 ellas fueron 39% de las candidaturas y 12.3% de las personas electas a la Asamblea Nacional. El incentivo es el mismo: cumplir la cifra protegiendo las plazas más valiosas. La diferencia también pesa, porque Francia castigaba con multas y no ordenaba los distritos por competitividad, mientras Querétaro sí tiene esos bloques. La prueba para el diseño queretano es si esos bloques atan lo suficiente en cargos ejecutivos, donde gana una sola persona y no hay lista que reparta consuelo.
Fui regidor de esta capital y diputado local, y de esos años conservo un hábito: la primera lectura de una elección se hace sobre la hoja de registro, antes de cualquier encuesta. Cuando el Instituto Electoral reciba las planillas, tres columnas bastarán para comparar a cada partido: municipio, género y votación previa. Ahí se sabrá si alguno puso a una candidata en la capital o en El Marqués sin que la aritmética lo obligara.
La Corte escribió que la paridad exige acceso efectivo a los cargos, y al mismo tiempo dejó su medición en manos de quienes deciden las candidaturas. El café de esta mañana ya se enfrió en las dos piezas por igual.
Dos candidatas cumplen la ley. A cuántos queretanos podrían gobernar lo decide quien sirve la cafetera.




