miércoles, 30 de septiembre de 2026

El PAN de Querétaro se desangra por goteo

 El panismo vive estrés, ansiedad e incertidumbre mientras el Palacio de la Corregidora no mueve pieza. El ajedrez explica la espera y también su costo.

Desde el búnker estratégico de Querétaro




MIRADA CRÍTICA

Inteligencia Política · Narrativa · Poder

Por Raúl Reyes Gálvez es un consultor, estratega y analista político que interpreta la realidad desde la narrativa, el poder y la comunicación


“El tiempo empuja todas las cosas por delante y puede traer consigo tanto el bien como el mal”.   Nicolás Maquiavelo, El príncipe, capítulo III


A las cinco de la mañana, la Bialetti delata el desgaste antes que el sabor. Cuando el empaque de hule se endurece, la presión escapa por la rosca, gota a gota, sobre la estufa. La cafetera sigue sirviendo, pero lo que sube a la taza sale más tarde y más débil.

Nadie en la cocina escucha la fuga; queda un rastro húmedo en el metal.

El panismo queretano vive hoy un estrés político que no aparece en los comunicados. La ansiedad política se instaló en los equipos, la incertidumbre crece y la espera produce desgaste, desánimo y cansancio. Ese cansancio convoca a brindar con vino tinto y con jugo de naranja. Todo esto lo debe saber la inteligencia política del gobernador Mauricio Kuri. La pregunta, entonces, es por qué el Palacio de la Corregidora permite que suceda cuando cualquier manual de campaña exitosa dicta lo contrario.


El himno de los municipios

Durante septiembre he tomado café y alguna cerveza en reuniones privadas con grupos panistas de varios municipios. En esas mesas nadie justifica la tardanza ni el desgaste de la confrontación entre equipos, que hoy es más evidente. Se repite una frase que ya funciona como himno en cada municipio: si no queda el de nuestro equipo, no apoyamos. Se habla de unidad en público; en el subterráneo panista, los operadores empiezan a charlar con vino tinto, que en esas mesas significa acercamiento con Morena, o con jugo de naranja, que significa acercamiento con Movimiento Ciudadano. Así, pactando por goteo, el PAN se desangra.


La percepción coincide con los hechos públicos. En marzo, el legislador panista Guillermo Vega ubicó la definición entre junio y agosto, con Kuri y el dirigente estatal Martín Arango al frente del proceso. En julio, Arango pospuso la elección del coordinador de Cuidar Querétaro y fijó el 30 de septiembre; en agosto reconoció que el partido pidió una prórroga; a mediados de septiembre movió el anuncio a la primera quincena de octubre. El 28 de julio negó una disputa entre Agustín Dorantes y Felifer Macías, y el 29 de septiembre descartó una ley mordaza. Tres calendarios y dos desmentidas describen una presión que la palabra unidad no alcanza a cubrir.


Zugzwang en el Palacio de la Corregidora

En política todo tiene una razón, y el ajedrez ayuda a encontrarla. Los ajedrecistas llaman zugzwang a la posición en la que cualquier movimiento empeora la situación de quien está obligado a mover. Designar hoy obligaría al Palacio a declarar perdedores a dos de los tres equipos con meses de competencia por delante. Esperar, en cambio, parece no costar nada. La diferencia con el tablero es que en ajedrez nadie puede pasar su turno, y en política quedarse quieto también es una jugada.


Esa jugada tiene lógica. Una definición tardía acorta la ventana de revancha, porque los perdedores tendrán menos semanas para organizar una salida después del anuncio. Bruce Bueno de Mesquita, con su teoría del selectorado, explica que la lealtad depende de la expectativa de quedar dentro de la coalición ganadora. Mientras nadie esté designado, Macías, Luis Nava y Dorantes conservan esa expectativa y funcionan como piezas clavadas, las que en ajedrez no pueden moverse sin exponer al rey: ninguno desafía el método porque hacerlo lo dejaría fuera. La dirigencia publicó sus criterios, pero no cuánto pesa cada uno, y quien se guarda esa ponderación decide qué significa ganar la medición. La teoría describe el incentivo de quien arbitra; ningún documento prueba que el gobernador razone así.


Hay una segunda razón: jugar con negras. En ajedrez, las negras responden a la apertura del rival. Vega lo dijo en marzo, al admitir que el PAN esperaría los movimientos de Morena, y en agosto Arango pidió que la consejera del Instituto Nacional Electoral Carla Humphrey se excusara si Santiago Nieto resulta candidato morenista. El PAN ya juega contra un rival con nombre y quiere elegir la pieza que mejor lo contrarreste.

En ajedrez nadie puede pasar su turno; en política, quedarse quieto también es una jugada.


Peones que cambian de color

La lógica del Palacio tiene un punto ciego que el ajedrez no enseña: en el tablero, un peón nunca cambia de color. En Querétaro sí puede. Thomas Schelling mostró que una amenaza solo pesa cuando cumplirla le resulta posible a quien la lanza. El operador que repite el himno sin tener adónde ir produce ruido; el mismo operador que ya brindó con vino tinto o con jugo de naranja produce una amenaza creíble. Lo que se conversa en esas mesas difícilmente es la gubernatura; son regidurías y distritos locales para sus cuadros. No existe información verificable sobre acuerdos formalizados, y la teoría tampoco mide cuántos operadores cumplirían la amenaza.


Aquí la espera se parece a un gambito, la apertura en la que se entregan peones a cambio de tiempo e iniciativa. El Palacio entrega desgaste y operadores a cambio de conservar la última palabra. Un gambito solo funciona si la iniciativa se convierte después en ventaja; si no, deja al jugador con menos material y la misma posición. Esa factura puede llamarse el impuesto de la espera: quien arbitra conserva la jugada final y paga en estructura, una moneda que ninguna encuesta registra.


El reloj también juega. En el ajedrez de torneo, el apuro de tiempo obliga a mover rápido y mal. Según la consejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de Querétaro, el proceso electoral debe arrancar entre el 16 y el 31 de octubre. Para el instituto es una fecha administrativa; para los equipos panistas es la frontera entre conversar y comprometerse.


Posición contra material

En junio, ante militantes, Arango sostuvo que las mediciones internas dan al PAN una ventaja de dos dígitos sobre Morena. Esa es la ventaja de posición. El material está en otra parte: en quien moverá a los representantes de casilla el día de la elección. Querétaro conoce la diferencia, porque en 2018 la presidencia municipal de la capital se definió por 1,513 votos. Cuando fui diputado y regidor aprendí que un operador territorial rara vez cambia de camiseta por un discurso y suele hacerlo cuando nadie le dice qué sigue.


Alemania ofrece un patrón con la misma estructura de incentivos. En abril de 2021, el democristiano Armin Laschet y el bávaro Markus Söder se disputaron la candidatura a canciller mientras Angela Merkel se mantenía al margen. Laschet ganó y la fractura acompañó la campaña: en septiembre, según la autoridad electoral federal alemana, la Unión obtuvo 24.1%, su peor resultado desde 1949. Allá Merkel se negó a arbitrar y el voto emigró en una elección parlamentaria; aquí la cúpula conduce y lo que se escapa son operadores antes de que exista candidato. Lo común es que la popularidad de quien se va no se transfiere sola a quien llega.


La simetría alcanza al Palacio. El gobernador no aparecerá en la boleta de 2027, así que el costo del gambito lo pagará quien resulte designado: heredará los agravios de los equipos derrotados y, si se le lee como el preferido del gobernador, la sospecha de haber ganado por cercanía.


Una Bialetti con el empaque gastado sigue sirviendo, pero entrega menos de lo que prometía la carga de café. El PAN de Querétaro puede ganar la candidatura y perder la estructura que la vuelve competitiva.

El Palacio de la Corregidora conserva la última jugada; lo que ya no controla es cuántas piezas seguirán en el tablero cuando la haga.


raulreyesgalvez@miradacritica.info






viernes, 25 de septiembre de 2026

El divorcio que ni Morena ni el PT pueden pagar

 La mesa técnica del 24 de septiembre movió la disputa de los nombres al método. Querétaro muestra cómo luce el acuerdo cuando cada parte cubre su objetivo.

Desde el búnker estratégico de Querétaro


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Por Raúl Reyes Gálvez es un consultor, estratega y analista político que interpreta la realidad desde la narrativa, el poder y la comunicación


“El poder de constreñir a un adversario puede depender del poder de atarse a uno mismo”. Thomas C. Schelling, La estrategia del conflicto (1960)



Son las cinco y, antes de encender la hornilla, las dos mitades de la Bialetti se enroscan sobre un empaque de hule que sella la caldera con el depósito del café. Un giro de más deforma el hule y la cafetera fugará la próxima vez; uno de menos deja escapar el vapor por la rosca y el café nunca sube. Este jueves 24 de septiembre, Ariadna Montiel, presidenta de Morena, y Alberto Anaya, dirigente del Partido del Trabajo (PT), se sentaron a calibrar un empaque parecido: instalaron una mesa técnica de encuestas tras una semana de reclamos por el reparto de diez coordinaciones estatales, la figura que antecede a la candidatura a gobernador en 2027. La pregunta es cuánto puede apretar cada uno sin romper lo que los mantiene unidos, y Querétaro ofrece la respuesta más limpia.


Trescientas trece curules no alcanzan

En San Lázaro, sede de la Cámara de Diputados, está la primera pieza de la negociación. En la asignación que hizo el Instituto Nacional Electoral (INE) en agosto de 2024, Morena recibió 236 curules, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) 77 y el PT 51. Morena y el Verde suman 313, y la mayoría calificada, las dos terceras partes que exige cualquier reforma a la Constitución, pide 334. Sin los petistas, la agenda constitucional de la presidenta Claudia Sheinbaum queda a 21 votos de distancia.

La dependencia corre en ambos sentidos. El PT obtuvo en 2024 una votación propia de un solo dígito para diputaciones federales y aun así llegó a 51 escaños, más de una de cada diez curules, porque buena parte de sus triunfos de distrito se ganaron con candidaturas compartidas dentro de la coalición. Si compite solo, el partido de Anaya arriesga la fuente misma de su peso legislativo. Ese equilibrio tiene nombre: divorcio incosteable, una separación que ninguna de las dos partes puede pagar sin perder lo que la hace fuerte.

Bruce Bueno de Mesquita llama coalición ganadora al grupo mínimo de apoyos cuya lealtad un liderazgo necesita para conservar el poder, y sostiene que esa lealtad se paga con cargos y favores dirigidos a sus miembros. Las 51 curules convierten al PT en integrante de esa coalición, no en invitado. Ricardo Monreal, uno de los operadores legislativos de Morena, dijo no creer que sin el PT se pierdan doce gubernaturas; la frase tasa al aliado en los estados muy por debajo de lo que vale en la Cámara. El límite del marco es visible: Bueno de Mesquita estudió gobernantes frente a su base, y las cifras de 2024 pueden haber cambiado por diputados que mudaron de bancada, dato que este texto no actualiza.


El PT cobra en método

A mitad de semana se precipitó la crisis. La Comisión Ejecutiva Nacional del PT difundió un comunicado donde afirma que las encuestas levantadas hasta ahora son «estrictamente de Morena» y que la segunda medición con perfiles petistas y verdes, pactada en junio, nunca se realizó. Reginaldo Sandoval, coordinador de los diputados del PT, advirtió que el partido podría competir por separado en algunas entidades. Montiel sostuvo la versión contraria: que los aliados sí fueron incluidos y que no habría nuevas encuestas.

Un divorcio incosteable es una separación que ninguna de las dos partes puede pagar sin perder lo que la hace fuerte.

El acuerdo del jueves cambió de moneda. Según fuentes de ambos partidos citadas por La Jornada el 25 de septiembre, los ganadores de las mediciones de Morena se medirán en un segundo ejercicio con quienes designe el PT, y Morena aceptó la mesa técnica que su aliado exigía. Milenio constató que el PT busca esa segunda medición en tres plazas: Zacatecas con Geovanna Bañuelos, Baja California con Montserrat Caballero y Guerrero con Victoriano Wences.

Thomas Schelling, el economista que convirtió la negociación en objeto de estudio riguroso, observó que una parte gana fuerza cuando se ata a un compromiso del que no puede retroceder. Morena se ató a sus diez nombramientos ante cámaras en el World Trade Center y ante militancias estatales; el PT se ató a un comunicado público con una lista de incumplimientos. Cuando ambos lados quedan amarrados, el margen de acuerdo se desplaza hacia lo que ninguno ha comprometido todavía, que en este caso era el procedimiento futuro. Eso describe lo que pactó la mesa: el PT cobra en método lo que no cobró en candidaturas, y Morena conserva sus nombres a cambio de compartir la regla. El límite de la lectura es documental, porque el acuerdo descrito por La Jornada proviene de fuentes sin nombre y ninguna dirigencia lo ha publicado por escrito.


Querétaro, el contrato que sí se cumplió

Morena designó a Santiago Nieto, extitular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), el 26 de agosto. Milenio registra que el PT acompañó tres nombramientos de los diez: Imelda Castro en Sinaloa, Gino Segura en Quintana Roo y Nieto en Querétaro. Valeria Flores, comisionada nacional del PT en el estado, declaró a Plaza de Armas que su partido quiso respaldar las aspiraciones de Nieto y resumió el desenlace con una palabra: «lo decretamos».

El PT cobra en método lo que no cobró en candidaturas, y Morena conserva sus nombres a cambio de compartir la regla.

Querétaro muestra la negociación cuando cada parte cubre su objetivo. Morena necesita unidad en un estado gobernado por el Partido Acción Nacional (PAN), donde la coalición compite desde abajo; el PT necesita presencia local, y el mismo medio atribuye a Flores la recuperación del registro petista en Querétaro. El PT no disputó la cabeza de la fórmula, Morena no tuvo que imponerla y ambos llegaron a la foto de unidad sin reclamo público.

Esa coincidencia no prueba causalidad. Querétaro renovará el 6 de junio de 2027 gubernatura, 25 diputaciones locales y 18 ayuntamientos, y el precio del PT puede cobrarse más adelante en alcaldías o distritos, terreno que ninguna de las partes ha hecho público. El PAN, en tanto, anunció el 1 de junio que su coordinador se conocería el 31 de agosto; la fecha pasó sin nombre y el partido medirá a Felifer Macías, Luis Nava y Agustín Dorantes a finales de septiembre, de modo que la oposición llega con su propia negociación interna abierta.


Tres plazas en disputa y siete por repartir

Quedan Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala, y la convocatoria permite definirlos hasta el 31 de diciembre de 2026. En Nuevo León compiten siete perfiles registrados que incluyen cuadros petistas y verdes, y en San Luis Potosí gobierna el propio PVEM. Benjamín Robles, comisionado del PT, pidió el 21 de septiembre una encuestadora espejo para esas siete definiciones, lo que convierte cada una en prueba del nuevo método.

Para medir si la negociación dejó fuertes a ambos hay un indicador concreto. Si en Zacatecas, Baja California o Guerrero la segunda medición se levanta con casas acordadas y sus resultados se publican, el PT habrá cobrado en regla. Diciembre marca el plazo, y una mesa sin mediciones levantadas para entonces habrá servido sobre todo para bajar la voz del reclamo. Montiel prometió el 22 de septiembre transparentar las encuestas al concluir las diecisiete presentaciones, y esa publicación permitirá contrastar lo pactado con lo levantado.

El empaque de la Bialetti aguanta mientras las dos mitades giran con la misma fuerza. Morena y el PT empezarán a pagar su divorcio incosteable el día en que uno apriete la rosca para quedarse con todo el café.


raulreyesgalvez@miradacritica.info



miércoles, 23 de septiembre de 2026

La izquierda que pide cuentas y esconde su encuesta

 Desde el búnker estratégico de Querétaro


MIRADA CRÍTICA

Inteligencia Política · Narrativa · Poder


Por Raúl Reyes Gálvez es un consultor, estratega y analista político que interpreta la realidad desde la narrativa, el poder y la comunicación




“Quien dice organización, dice oligarquía.” Robert Michels, Los partidos políticos, 1911


En 2006 el Partido de la Revolución Democrática (PRD) llevó 127 diputados a la Cámara, su mayor bancada; en 2024 no llegó al 3 por ciento y perdió su registro. Entre ambas fechas sus tribus se repartieron el partido como herencia en vida, su voto para la Cámara cayó de 18.48 por ciento en 2012 a 5.3 en 2018, y la lista de militantes señalados como traidores creció al mismo ritmo con que se vaciaba la urna. De aquella ruptura nació Morena, que hoy empieza a repetir el guion.

A las cinco de la mañana, la Bialetti revela el estado de su junta de goma, el anillo que sella sus dos mitades. Cuando ese empaque se endurece, el vapor escapa silbando por la rosca y el café llega ralo aunque el fuego sea el mismo. Morena atraviesa en Querétaro esa prueba de hermeticidad desde el 26 de agosto de 2026, cuando su dirigencia nacional nombró a Santiago Nieto Castillo coordinador estatal de la Defensa de la Transformación, antesala de la candidatura, mediante una encuesta cuyos porcentajes nunca se publicaron. Un movimiento que construyó su identidad exigiendo cuentas al viejo régimen decide sus candidaturas con números que solo conoce su cúpula. ¿Qué mantiene unidos al ganador y a los nueve aspirantes que perdieron cuando nadie más puede revisar la cuenta?


Gramsci pidió una voluntad colectiva y recibió un reparto

Antonio Gramsci llamó al partido el “moderno Príncipe”, es decir, un organismo colectivo donde voluntades dispersas se convierten en proyecto común, más cercano a una cooperativa que a una empresa con dueño. La izquierda mexicana cita mucho a Gramsci y lo aplica poco, porque su prueba incomoda: una organización produce voluntad colectiva cuando quienes pierden una contienda interna siguen aportando gente, contactos y territorio a quien ganó, sin exigir antes su parte del botín. En Querétaro esa prueba tiene nombres: la senadora con licencia Beatriz Robles declaró que la medición colocó a Nieto primero, a Gilberto Herrera Ruiz segundo, a ella tercera y al diputado federal Ricardo Astudillo en quinto lugar.

La versión de Robles es testimonio de parte, sin respaldo documental del partido. El indicio llegó antes de la visita de Claudia Sheinbaum a Querétaro el 18 de septiembre, cuando Nieto reconoció un acercamiento con Herrera para acudir juntos, y negó a la vez cualquier pacto para repartirse territorios. La izquierda queda presa de su discurso: condenó durante décadas los arreglos cupulares y ahora necesita negociar entre grupos sin poder admitirlo, aunque negociar sea lo que Gramsci llamaba construir hegemonía, esto es, lograr que los derrotados acepten como propia una dirección ajena.


Duverger y el aparato que Morena juró no tener

Maurice Duverger mostró en Los partidos políticos (1951) que la estructura de una organización explica su conducta mejor que su doctrina. El partido de masas, sostenido por afiliados y comités, necesita un aparato permanente que acaba administrando las puertas de entrada como el conserje de un edificio decide qué repartidor sube. Morena nació denunciando a los aparatos y hoy perfecciona el suyo: el secretario general en Querétaro, Alejandro Pérez Ibarra, explicó el 29 de junio que la coordinación era un cargo político, distinto de una candidatura formal, una ambigüedad que permite hacer territorio antes de los plazos legales.

Contar puertas es el indicador duvergeriano, y en Querétaro faltan varias. Nieto anunció que la encuesta decidirá también a los coordinadores distritales y municipales, y cada derrotado de agosto vigila si su grupo entra en el siguiente escalón. Diez perfiles se registraron y uno solo obtuvo la coordinación, una aritmética que convierte la unidad en contrato de compensación y la lealtad en cuenta por cobrar. El límite de Duverger es su época: estudió partidos europeos de posguerra, sin un fundador con el peso personal que sostiene a Morena.


Michels y las tribus que la izquierda heredó

Robert Michels militó en el socialismo alemán antes de concluir, en 1911, que toda organización grande engendra una minoría dirigente que concentra información, experiencia y control de los canales internos hasta volverse insustituible. Bautizó ese proceso como ley de hierro de la oligarquía, una tendencia que opera como la gravedad para un arquitecto: el diseño puede compensarla y jamás abolirla. El PRD fue su laboratorio mexicano, aunque en su caída también pesaron la salida de Andrés Manuel López Obrador en 2012 y sus alianzas con Acción Nacional y el Revolucionario Institucional.

La asimetría de información ofrece el indicador más limpio. Sin porcentajes públicos, el orden de los lugares en Querétaro se conoció cuando Robles lo reveló ante una pregunta sobre dichos atribuidos a Astudillo. Un movimiento que presume democracia desde abajo terminó dependiendo de una filtración para que sus militantes supieran quién quedó dónde. Cuando una minoría guarda el dato que decide carreras, la duda se convierte en el único recurso de quien perdió.

La pelea por 2027 arrancó dentro de Morena antes que frente a sus adversarios, en una ronda de coordinaciones que abarca 17 gubernaturas, trece de ellas en manos del movimiento o de sus aliados. Cada reparto desnuda una regla incómoda: cuando una organización acumula poder, la disputa más feroz se traslada hacia quienes aspiran a controlar su herencia, y el fratricidio que Michels permite leer avanza por retirada silenciosa del esfuerzo. El Partido del Trabajo, aliado de Morena, abandonó el proceso acusando maltrato, y en Michoacán el senador con licencia Raúl Morón aceptó los números sin comprometer un respaldo inmediato; Ariadna Montiel, presidenta de Morena, calificó en cambio el saldo de 10. Una dirigencia que pone diez a un proceso que su aliado abandona dejó de medir la cohesión y empezó a administrar su apariencia. La inferencia exige cautela: aceptar sin respaldar todavía no equivale a sabotear.


Freud y el hereje que vota igual

Sigmund Freud describió en El malestar en la cultura, de 1930, el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, la tendencia de comunidades vecinas a burlarse y desconfiar una de otra por lo mucho que comparten, como españoles y portugueses en su ejemplo. La izquierda convirtió ese mecanismo en costumbre: Nieto, Herrera, Fernández  y Robles comparten electorado, programa y fotografía con la presidenta, y distinguirse exige inflar detalles como la antigüedad en el movimiento o la biografía local hasta volverlos certificados de pureza.

Un movimiento que presume democracia desde abajo terminó dependiendo de una filtración para que sus militantes supieran quién quedó dónde.

Freud ofreció una observación clínica y no una ley sociológica, y el Partido Acción Nacional, que gobierna Querétaro desde 1997, conoce sus propias querellas. La diferencia está en el precio moral: un movimiento que se define por una promesa ética convierte al competidor interno en traidor, y un partido de gestión lo trata como simple rival. Así, la izquierda paga más caro cada desacuerdo: narra cada derrota interna como traición y cada acuerdo como contaminación, una contabilidad que acaba dejándola sin socios.

La junta de goma de una Bialetti se cambia en un minuto y cuesta menos que el café que salva; la de un partido tarda años en formarse y se endurece cada vez que una decisión llega sin explicación. Nieto describe la contienda contra el Partido Acción Nacional como empate técnico, una distancia menor que el margen de error de las encuestas, y en esa franja cada operador cuenta. La encuesta que nadie vio se cobrará antes de la votación, en la primera sección electoral, la unidad más pequeña del mapa del voto, donde un operador de Herrera o de Robles haga lo mínimo y nadie pueda reclamarle, porque el número que lo derrotó nunca estuvo sobre la mesa.


raulreyesgalvez@miradacritica.info


lunes, 21 de septiembre de 2026

Los 23 puntos que nadie ha cobrado

 El PAN perdió diez distritos entre 2021 y 2024 y nadie ha demostrado todavía haber cobrado esa pérdida. El saldo abierto es poder electoral aún no adjudicado.

Desde el búnker estratégico de Querétaro



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Por Raúl Reyes Gálvez es un consultor, estratega y analista político que interpreta la realidad desde la narrativa, el poder y la comunicación


“En inteligencia política, el dato más valioso no siempre es quién va arriba, sino qué parte del poder todavía no tiene dueño. Cuando una franja relevante del electorado permanece sin definición, no estamos ante un vacío estadístico, sino ante un territorio en disputa donde el desgaste ya ocurrió, pero la transferencia de confianza todavía no.” Raúl Reyes Gálvez,

Son las cinco de la mañana y el agua de la Bialetti lleva minutos calentándose sin que suba una sola gota. La cafetera funciona: el vapor empuja, pero el café asciende únicamente cuando esa presión encuentra una molienda lo bastante compacta para ofrecerle resistencia. Con la molienda gruesa, el agua atraviesa el filtro entera y no extrae nada.

Querétaro atraviesa un episodio de molienda gruesa. El Partido Acción Nacional (PAN) ganó en 2021 los quince distritos locales de mayoría relativa y en 2024 conservó cinco. El PAN perdió territorio; nadie ha demostrado todavía haber cobrado esa pérdida por completo. Lo que queda sin cobrar es el poder electoral aún no adjudicado: la porción del electorado cuya decisión ningún partido ha ganado ni conserva. La pregunta que ordena esta disección: ¿por qué un electorado que retira su confianza no corre de inmediato hacia la opción vecina?


De quince distritos a cinco en tres años

En la elección del 6 de junio de 2021, el PAN, solo o en candidatura común con Querétaro Independiente (dos partidos que postulan a la misma persona), se llevó los quince distritos y Mauricio Kuri ganó la gubernatura con 491,550 votos, alrededor de 54%. Tres años después, los cómputos del Instituto Electoral del Estado de Querétaro (IEEQ) dejaron el mapa en cinco distritos para el PAN y sus aliados y diez para Morena y los suyos: dos ganados por Morena en solitario y ocho en candidatura común con los partidos Verde y del Trabajo.

El Distrito 07 muestra lo delgada que es la frontera. Tras recontar los 198 paquetes electorales, la candidatura común de Verde, Morena y del Trabajo sumó 27,468 votos y la del PAN con el Partido de la Revolución Democrática, 27,350: 118 de diferencia. Contar distritos compara dos elecciones con alianzas distintas y mide quién ganó cada territorio, sin medir qué prefiere cada persona; el propio Partido Verde aclaró ante el IEEQ que los ganadores de los distritos 03 y 10 no lo representaban dentro de la coalición.


El vaso que no se vacía en otro

La intuición popular trata el voto como vasos comunicantes: lo que pierde un partido lo recibe otro. Las preferencias no funcionan así porque no son un juego de suma cero, esto es, un reparto donde lo perdido por uno aparece intacto en el otro. La encuesta que Mitofsky publicó en junio de 2026 con El Economista lo ilustra para la gubernatura de 2027: 30.9% declara intención por el PAN, 24.7% por Morena y 23.2% aún no declara preferencia. El resumen público no reproduce muestra ni margen de error, de modo que las cifras se leen como posición de partida y no como fotografía cerrada.

Dos instrumentos apuntan a la misma franja. Las métricas internas de seguimiento de este análisis promedian alrededor de 23% de ciudadanos sin definición electoral clara, y Mitofsky midió 23.2% en junio de 2026. La coincidencia orienta. Esa franja deja de ser simple indecisión para convertirse en la variable central de la radiografía: el saldo de poder electoral que ni el PAN conserva ni sus rivales han recibido.

La secuencia que este análisis propone como hipótesis de trabajo tiene cuatro estaciones: preferencia, decepción, todos son iguales y, cuando llega, el menos malo. Quien se decepciona de su partido no compra de inmediato boleto para otro. Ninguna serie disponible sigue a las mismas personas a lo largo de esas estaciones, por lo que sigue siendo hipótesis.

Daniel Kahneman y Amos Tversky describieron la teoría prospectiva, según la cual las personas deciden frente a un punto de referencia y padecen la aversión a la pérdida: perder algo duele más que lo que alegra ganar algo equivalente. Es la lógica de quien renta un departamento con goteras. Cambiarse exige mudanza, depósito y vecinos nuevos, así que muchos aguantan la gotera un año más. El indicador observable es esa franja de 23% que aún no declara preferencia. El límite: la teoría nació de experimentos con apuestas de dinero, y llevarla a la urna es hipótesis.


La quincena corre más rápido que 2027

Mientras los círculos políticos ya leen cada gesto en clave de 2027, el ingreso de las familias sigue otro calendario. En el segundo trimestre de 2026, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) contó 1.2 millones de personas ocupadas en Querétaro, 30 mil más que un año antes. En ese lapso el comercio perdió 37 mil puestos, la desocupación llegó a 2.3% de la población que trabaja o busca trabajo, y 477 mil personas, 39.2% de los ocupados, laboraban en alguna modalidad de empleo informal, categoría que incluye negocios sin registros contables y empleos sin seguridad social.

Esas cifras describen con qué ingreso llega el votante a preguntarse por 2027 y dejan sin medir en qué piensa al despertar. Que la quincena desplaza a la elección es una observación de campo de este análisis que ninguna encuesta ha medido. Con esa salvedad, el mecanismo se deja leer: una elección lejana compite por atención, un recurso más escaso que el voto, con la renta, el transporte, comida, crédito hipotecario y la tarjeta de crédito de septiembre de 2026.

Nadie ha demostrado todavía haber cobrado esa pérdida por completo.


Esperanza con nombre y apellido

Robert Entman definió el encuadre o framing, la manera de presentar una realidad para que se lea de cierta forma, con cuatro tareas: definir un problema, señalar su causa, emitir un juicio moral y proponer un remedio. El desgaste de un gobierno cumple las dos primeras con facilidad, porque nombra el problema y culpa a alguien. El remedio queda vacío hasta que una figura creíble lo ocupa. Por eso la esperanza funciona como la parte del marco que responde qué habría del otro lado, con actores y organización que reduzcan el riesgo que la aversión a la pérdida le asigna a cualquier cambio.

El PAN conserva una narrativa de fortaleza: 47.7% considera que tiene mayores posibilidades de ganar, frente a 24.3% que lo dice de Morena. Ningún dato del estudio le asigna un dueño a la franja abierta: el PAN no puede contarla como inercia a su favor ni sus adversarios como decepción ya cobrada. Aquí se encuentra la estrategia política: El gobierno decide cuánto invierte en reparar la confianza y la oposición cuánto tarda en volver creíble el reemplazo; cada uno controla una mitad de la ecuación.

La Bialetti termina su trabajo cuando el vapor encuentra una molienda que lo resista; antes de eso solo sube agua. En Querétaro el enojo ya calienta el fondo de la cafetera, y sin un marco que lo retenga cruza el filtro entero. El poder empieza a pagar en el punto exacto donde confunde el agua que pasa con el café que se extrae.


raulreyesgalvez@miradacritica.info