El dirigente panista anuncia ventajas con números que nadie puede revisar. La factura llega a su propio proceso interno.
Desde el búnker estratégico de Querétaro
MIRADA CRÍTICA
Inteligencia Política · Narrativa · Poder
Por Raúl Reyes Gálvez
“Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria.” Carl Sagan, Cosmos (1980)
A las cinco de este viernes la Bialetti silbó antes de que subiera el café. Lo produce la válvula de seguridad, un botón de latón que suelta vapor cuando la presión del depósito rebasa lo que el aluminio resiste. Avisa que adentro algo empuja, aunque no dice cómo saldrá la taza.
Con ese ruido de fondo corre el video donde Martín Arango, presidente del PAN en Querétaro, asegura que Santiago Nieto cayó «entre cuatro y cinco puntos», que “en nuestros números” no hay un municipio donde el coordinador de Morena supere a los perfiles panistas y que su partido no tiene prisa.
Arango ofreció la conclusión que le acomoda y se guardó el procedimiento que tendría que sostenerla. Ese hueco técnico abre en el PAN una crisis de comunicación, otra de narrativa y una tercera, política, que cobrará dentro de su propio proceso. ¿Cuánto vale una cifra que ni sus aspirantes pueden auditar?
La crisis de comunicación cabe en dos palabras
En el video no aparecen universo, tamaño de muestra, fechas de levantamiento, modo de entrevista, cuestionario, ponderadores ni tasa de rechazo. La Asociación Estadounidense de Investigación de Opinión Pública (AAPOR, por sus siglas en inglés) pide esos datos a las encuestadoras de su iniciativa de transparencia porque sin ellos nadie puede revisar una cifra, y lo que no se puede revisar tampoco se puede desmentir. Lo que queda es una encuesta narrada, un resultado que existe solo mientras alguien lo cuenta en voz alta.
La aritmética tampoco ayuda. Una medición telefónica de 400 entrevistas publicada en agosto en Querétaro reportó un margen de error de 4.9 puntos. Si se comparan dos encuestas de ese tamaño para decir que alguien bajó, el margen de la diferencia ronda los seis puntos con 95% de confianza, el estándar del oficio. Con 400 casos, una baja de cuatro o cinco puntos puede deberse al simple sorteo de quién contestó el teléfono. Para distinguir una caída real del azar hacen falta mediciones cercanas a mil entrevistas cada una y con el mismo cuestionario. Arango no dijo cuántas entrevistas tienen las suyas.
Dieciocho municipios piden dieciocho muestras
Leslie Kish escribió en Survey Sampling (1965) que una muestra habla por una población cuando se conoce la probabilidad con la que cada persona entró en ella, y que si se quiere concluir algo sobre un subgrupo el diseño tiene que alcanzarlo. La frase de Arango sobre los municipios habla de dieciocho subgrupos. Según el Censo 2020 del INEGI, San Joaquín tiene 8,359 habitantes, el 0.35% de los 2,368,467 queretanos; en una encuesta estatal de mil casos repartida en proporción a la población, a ese municipio de la Sierra Gorda le tocarían tres o cuatro entrevistas. Una afirmación así exige sobremuestras locales o un estudio por municipio, con costo, fechas y empresa responsable; ese estudio puede existir, pero el video solo permite decir que no se enseñó, y anunciar que un adversario no gana en ninguna de las dieciocho demarcaciones es una afirmación extraordinaria respaldada por dos palabras: nuestros números.
La crisis de narrativa se contradice sola
Una encuesta narrada es un resultado que existe solo mientras alguien lo cuenta en voz alta.
Desde febrero, la dirigencia panista cambia de versión sobre sus propias cifras. Ese mes Arango habló de una ventaja de entre 12 y 13 puntos. A finales de agosto, ante la designación del coordinador de Morena, se declaró tranquilo y dio por asegurado el triunfo. El martes 6 de octubre dijo que el PAN no tenía resultados de sus propias encuestas y que las mediciones que circulaban en redes eran ajenas al partido. Ahora cita “nuestros números”. Cada declaración puede tener explicación por separado; juntas dibujan un partido que usa la palabra encuesta según la necesidad de la semana.
Ahí empieza el metateatro panista: una obra representada dentro de otra, con actores que saben que actúan. Arango monta una función sobre sus números ante dos públicos, el electorado al que ofrece calma y los aspirantes que vigilan al árbitro. En escena repite que no tiene prisa mientras el guion gira alrededor del adversario. El video exhibe una dirigencia que narra su ventaja y oculta cómo la midió, una conducta más cercana a contener el temor al avance de Morena que a la calma de quien ya ganó.
El metateatro panista ya tuvo función en 2009
Robert Groves sistematizó la idea del error total de encuesta: el margen de error solo mide el azar de la muestra y deja fuera los errores de cobertura, de no respuesta, de medición y de procesamiento. Entré a la política levantando encuestas, y lo primero que aprende quien sostiene un cuestionario frente a una puerta es que el resultado también depende de las puertas que nunca se abrieron. El 12 de enero de 2009 circuló una encuesta que daba al PAN una ventaja de dos a uno rumbo a la gubernatura; en junio, el partido presentó otra medición favorable. El domingo 5 de julio José Calzada ganó con 49.10% según el conteo del entonces Instituto Electoral de Querétaro, y Manuel González Valle todavía sostenía ante su militancia que el cómputo confirmaría una ventaja panista de hasta 4.5%. Lo que falló en esas cifras estaba fuera del margen de error.
El caso retrata a un partido que confundió su cifra con el electorado y se enteró de la diferencia la noche de la elección.
La crisis política llegará con su propia encuesta
Dentro de casa azul, la encuesta narrada también le cobra al PAN. Arango conduce un proceso para definir quién coordinará Cuidar Querétaro, con reglas pactadas entre la dirigencia estatal y quienes levantaron la mano, y las encuestas del partido forman parte del método. Al usar números que no enseña para hablar del rival, el dirigente les anticipa a sus aspirantes cómo tratará los números que decidan entre ellos. Quien pierda esa medición tendrá motivo y precedente para reclamar lo que hoy falta (muestra, fechas, cuestionario, casa encuestadora, entre otras), y la definición cargará con la sospecha que sembró la dirigencia.
En el Reino Unido, el Consejo Británico de Encuestas obliga a sus miembros a publicar en dos días hábiles las tablas, el cuestionario y la ponderación de todo sondeo que llegue al dominio público, y su regla 2.6 extiende esa obligación a los estudios privados cuando el cliente que los pagó difunde resultados. En mayo de 2014, después de que salieron a la luz datos de un sondeo privado sobre cuatro distritos liberal-demócratas, la empresa ICM publicó de inmediato sus tabulados. El incentivo es el mismo que en Querétaro, porque un partido convierte un estudio privado en argumento público. La diferencia pesa: la regla británica funciona porque se sabe qué empresa levantó el estudio, y en el video de Arango no aparece ninguna a la cual pedirle las tablas.
La presión que escapa por una válvula vuelve a juntarse mientras el fuego siga encendido. En Acción Nacional el fuego son los aspirantes que esperan resultado y un adversario al que Arango dice no temer mientras lo mide municipio por municipio. El día en que el partido anuncie a su coordinador con un porcentaje, ese número llegará con la credibilidad que haya sobrevivido de la narrativa de Arango, casi cero.
Una encuesta que nadie puede revisar termina midiendo a quien la cuenta.


