miércoles, 30 de septiembre de 2026

El PAN de Querétaro se desangra por goteo

 El panismo vive estrés, ansiedad e incertidumbre mientras el Palacio de la Corregidora no mueve pieza. El ajedrez explica la espera y también su costo.

Desde el búnker estratégico de Querétaro




MIRADA CRÍTICA

Inteligencia Política · Narrativa · Poder

Por Raúl Reyes Gálvez es un consultor, estratega y analista político que interpreta la realidad desde la narrativa, el poder y la comunicación


“El tiempo empuja todas las cosas por delante y puede traer consigo tanto el bien como el mal”.   Nicolás Maquiavelo, El príncipe, capítulo III


A las cinco de la mañana, la Bialetti delata el desgaste antes que el sabor. Cuando el empaque de hule se endurece, la presión escapa por la rosca, gota a gota, sobre la estufa. La cafetera sigue sirviendo, pero lo que sube a la taza sale más tarde y más débil.

Nadie en la cocina escucha la fuga; queda un rastro húmedo en el metal.

El panismo queretano vive hoy un estrés político que no aparece en los comunicados. La ansiedad política se instaló en los equipos, la incertidumbre crece y la espera produce desgaste, desánimo y cansancio. Ese cansancio convoca a brindar con vino tinto y con jugo de naranja. Todo esto lo debe saber la inteligencia política del gobernador Mauricio Kuri. La pregunta, entonces, es por qué el Palacio de la Corregidora permite que suceda cuando cualquier manual de campaña exitosa dicta lo contrario.


El himno de los municipios

Durante septiembre he tomado café y alguna cerveza en reuniones privadas con grupos panistas de varios municipios. En esas mesas nadie justifica la tardanza ni el desgaste de la confrontación entre equipos, que hoy es más evidente. Se repite una frase que ya funciona como himno en cada municipio: si no queda el de nuestro equipo, no apoyamos. Se habla de unidad en público; en el subterráneo panista, los operadores empiezan a charlar con vino tinto, que en esas mesas significa acercamiento con Morena, o con jugo de naranja, que significa acercamiento con Movimiento Ciudadano. Así, pactando por goteo, el PAN se desangra.


La percepción coincide con los hechos públicos. En marzo, el legislador panista Guillermo Vega ubicó la definición entre junio y agosto, con Kuri y el dirigente estatal Martín Arango al frente del proceso. En julio, Arango pospuso la elección del coordinador de Cuidar Querétaro y fijó el 30 de septiembre; en agosto reconoció que el partido pidió una prórroga; a mediados de septiembre movió el anuncio a la primera quincena de octubre. El 28 de julio negó una disputa entre Agustín Dorantes y Felifer Macías, y el 29 de septiembre descartó una ley mordaza. Tres calendarios y dos desmentidas describen una presión que la palabra unidad no alcanza a cubrir.


Zugzwang en el Palacio de la Corregidora

En política todo tiene una razón, y el ajedrez ayuda a encontrarla. Los ajedrecistas llaman zugzwang a la posición en la que cualquier movimiento empeora la situación de quien está obligado a mover. Designar hoy obligaría al Palacio a declarar perdedores a dos de los tres equipos con meses de competencia por delante. Esperar, en cambio, parece no costar nada. La diferencia con el tablero es que en ajedrez nadie puede pasar su turno, y en política quedarse quieto también es una jugada.


Esa jugada tiene lógica. Una definición tardía acorta la ventana de revancha, porque los perdedores tendrán menos semanas para organizar una salida después del anuncio. Bruce Bueno de Mesquita, con su teoría del selectorado, explica que la lealtad depende de la expectativa de quedar dentro de la coalición ganadora. Mientras nadie esté designado, Macías, Luis Nava y Dorantes conservan esa expectativa y funcionan como piezas clavadas, las que en ajedrez no pueden moverse sin exponer al rey: ninguno desafía el método porque hacerlo lo dejaría fuera. La dirigencia publicó sus criterios, pero no cuánto pesa cada uno, y quien se guarda esa ponderación decide qué significa ganar la medición. La teoría describe el incentivo de quien arbitra; ningún documento prueba que el gobernador razone así.


Hay una segunda razón: jugar con negras. En ajedrez, las negras responden a la apertura del rival. Vega lo dijo en marzo, al admitir que el PAN esperaría los movimientos de Morena, y en agosto Arango pidió que la consejera del Instituto Nacional Electoral Carla Humphrey se excusara si Santiago Nieto resulta candidato morenista. El PAN ya juega contra un rival con nombre y quiere elegir la pieza que mejor lo contrarreste.

En ajedrez nadie puede pasar su turno; en política, quedarse quieto también es una jugada.


Peones que cambian de color

La lógica del Palacio tiene un punto ciego que el ajedrez no enseña: en el tablero, un peón nunca cambia de color. En Querétaro sí puede. Thomas Schelling mostró que una amenaza solo pesa cuando cumplirla le resulta posible a quien la lanza. El operador que repite el himno sin tener adónde ir produce ruido; el mismo operador que ya brindó con vino tinto o con jugo de naranja produce una amenaza creíble. Lo que se conversa en esas mesas difícilmente es la gubernatura; son regidurías y distritos locales para sus cuadros. No existe información verificable sobre acuerdos formalizados, y la teoría tampoco mide cuántos operadores cumplirían la amenaza.


Aquí la espera se parece a un gambito, la apertura en la que se entregan peones a cambio de tiempo e iniciativa. El Palacio entrega desgaste y operadores a cambio de conservar la última palabra. Un gambito solo funciona si la iniciativa se convierte después en ventaja; si no, deja al jugador con menos material y la misma posición. Esa factura puede llamarse el impuesto de la espera: quien arbitra conserva la jugada final y paga en estructura, una moneda que ninguna encuesta registra.


El reloj también juega. En el ajedrez de torneo, el apuro de tiempo obliga a mover rápido y mal. Según la consejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de Querétaro, el proceso electoral debe arrancar entre el 16 y el 31 de octubre. Para el instituto es una fecha administrativa; para los equipos panistas es la frontera entre conversar y comprometerse.


Posición contra material

En junio, ante militantes, Arango sostuvo que las mediciones internas dan al PAN una ventaja de dos dígitos sobre Morena. Esa es la ventaja de posición. El material está en otra parte: en quien moverá a los representantes de casilla el día de la elección. Querétaro conoce la diferencia, porque en 2018 la presidencia municipal de la capital se definió por 1,513 votos. Cuando fui diputado y regidor aprendí que un operador territorial rara vez cambia de camiseta por un discurso y suele hacerlo cuando nadie le dice qué sigue.


Alemania ofrece un patrón con la misma estructura de incentivos. En abril de 2021, el democristiano Armin Laschet y el bávaro Markus Söder se disputaron la candidatura a canciller mientras Angela Merkel se mantenía al margen. Laschet ganó y la fractura acompañó la campaña: en septiembre, según la autoridad electoral federal alemana, la Unión obtuvo 24.1%, su peor resultado desde 1949. Allá Merkel se negó a arbitrar y el voto emigró en una elección parlamentaria; aquí la cúpula conduce y lo que se escapa son operadores antes de que exista candidato. Lo común es que la popularidad de quien se va no se transfiere sola a quien llega.


La simetría alcanza al Palacio. El gobernador no aparecerá en la boleta de 2027, así que el costo del gambito lo pagará quien resulte designado: heredará los agravios de los equipos derrotados y, si se le lee como el preferido del gobernador, la sospecha de haber ganado por cercanía.


Una Bialetti con el empaque gastado sigue sirviendo, pero entrega menos de lo que prometía la carga de café. El PAN de Querétaro puede ganar la candidatura y perder la estructura que la vuelve competitiva.

El Palacio de la Corregidora conserva la última jugada; lo que ya no controla es cuántas piezas seguirán en el tablero cuando la haga.


raulreyesgalvez@miradacritica.info






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