domingo, 25 de octubre de 2026

El PAN queretano paga su aplauso en abonos

Siete coordinadores rinden protesta hoy en el Josefa Ortiz. El dato que importa está afuera: lo que cuesta llenar el auditorio y quién cubre la diferencia.

Desde el búnker estratégico de Querétaro

 

MIRADA CRÍTICA

Inteligencia Política · Narrativa · Poder

Por Raúl Reyes Gálvez 


“La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer; en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados.”

Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel


A las cinco de la mañana la Bialetti avisa antes de servir. Primero silba la válvula de seguridad, ese tornillo de latón que libera la presión que el agua ya no logra convertir en café. Quien conoce la cafetera sabe que el silbido habla de la caldera, donde el fuego lleva rato calentando algo que no encuentra salida.

Querétaro amanece este domingo 25 de octubre con su propia válvula silbando. A las 11:00, en el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, el PAN tomará protesta a siete coordinadores de su proyecto Cuidar Querétaro, con Felifer Macías perfilado para la coordinación estatal y Jorge Romero, dirigente nacional, como testigo. La foto saldrá llena; lo que importa mirar es la caldera.

Unidad que necesita fotografía diaria

La tesis cabe en una línea: el modelo panista de gobernar Querétaro ya paga por la lealtad que antes producían sus resultados, y esa factura aparece primero en el costo de movilizar a su propia gente. La pregunta rectora es contable antes que electoral: ¿cuánto cuesta hoy llenar un recinto de casi cinco mil butacas y quién cubre la diferencia?

Felifer Macías sumó esta semana imágenes con los exgobernadores Francisco Domínguez, Francisco Garrido e Ignacio Loyola, y Garrido dijo que lo ve muy bien, lo que eso signifique. Los tres gobernaron entre 1997 y 2021. Un partido seguro de su territorio no repite la palabra unidad cada mañana; la repite quien escucha crujir la estructura, y para sostenerla convoca a rostros que el votante asocia con el desgaste de esas décadas.

El antecedente es de octubre de 2025: en ese mismo auditorio, el primer informe municipal de Felifer reunió a los panistas Domínguez y Loyola junto a los priistas Mariano Palacios, Enrique Burgos y José Calzada. Aquella imagen anunciaba un panismo convertido en coalición de élites de ambos partidos. En las colonias se resume así: les da pena decir que son panistas y prefieren presentarse como ciudadanos.

Lealtad a destajo en las colonias

Bruce Bueno de Mesquita explica la supervivencia de los gobiernos por la forma en que pagan a la coalición que los sostiene. Cuando un gobierno entrega bienes públicos, como agua que llega, calles sin baches o un camión que pasa a tiempo, la lealtad se produce sola y sale barata. Cuando esos bienes se deterioran, el gobierno los sustituye con pagos privados a sus operadores, y esa lealtad cuesta más y dura menos.

En mis recorridos de octubre por barrios de la capital, operadores veteranos describen lo mismo: llevar gente al Josefa Ortiz cuesta más que en 2021, porque las colonias abandonadas ya no salen por gratitud y los líderes a quienes se les falló en aquella campaña cobran por adelantado. A eso se suman las purgas en el municipio, la presión laboral para que cada trabajador suba diez personas a una plataforma bajo amenaza de despido y la llegada de figuras de origen priista como precandidatos por encima de operadores panistas.

Ese mecanismo tiene nombre: lealtad a destajo. Como el obrero que cobra por pieza, el operador entrega solo lo que se le paga y solo mientras se le paga. Cobrará la campaña sin hambre de triunfo, y para él votar por el PAN, por Movimiento Ciudadano o por Morena empieza a valer lo mismo si el arreglo en corto le favorece. Una estructura así se ve intacta en la fotografía mientras pierde elasticidad en el territorio. El límite de esta lectura es contable, porque esa nómina paralela no aparece en ningún informe de gastos partidistas; vive en el subterráneo donde se negocian los agravios, sin boletín ni fotografía.

Una factura que no llega en sobre

La segunda capa está en el bolsillo de la clase media: impuestos que suben, multas, grúas que operan como cobro diario y una toma de agua que ronda los 40 mil pesos, pagada en abonos y respaldada con pagarés; un derecho humano se vive como deuda. La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 del INEGI registró que solo 28.7 por ciento de la población urbana del estado considera bebible el agua que recibe.

El dato que obliga a releer lo anterior viene de la Secretaría de Desarrollo Sustentable: Querétaro concentra el 72 por ciento de las operaciones de centros de datos del país, con 12 instalaciones en operación y 18 por construirse, y esas empresas reportarán cuánta agua consumen hasta 2027, según anunció el gobierno estatal. La familia firma pagarés por su toma mientras el modelo que se presenta al mundo como éxito opera sin medidor público.

El Instituto Mexicano para la Competitividad calculó este mes que cada persona que se traslada en la zona metropolitana pierde 80 horas al año en el tráfico, a un costo de 5,101 pesos. El atasco funciona como un impuesto sin recibo. Lo paga el migrante que llegó buscando el paraíso y encontró salarios cortos, escuelas lejos de casa y trayectos de horas.

Lealtad a destajo: la que se cobra por pieza y se acaba cuando se acaba el pago.

La ventaja que no se convierte en gente

Elisabeth Noelle-Neumann llamó espiral del silencio al mecanismo por el cual una persona calla su opinión cuando cree que su entorno piensa lo contrario. En una colonia gobernada por el mismo partido durante años, el votante molesto no confiesa su enojo a un encuestador. Las encuestas lo registran como una bolsa sin decidir: Consulta Mitofsky midió al PAN con 30.9 por ciento, a Morena con 24.7 y a 23.2 por ciento sin preferencia, mientras Enkoll, encontró 34 contra 33, un empate dentro de su margen de 2.8 puntos. El silencio explica la cifra oculta aunque no su rumbo: parte de ese enojo puede terminar en abstención.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó en septiembre que 667,062 queretanos reciben algún programa federal de Bienestar; Morena ya no se retira de colonias de clase media y algunos empresarios olvidados por el panismo voltean hacia allá. Un beneficiario todavía no es un voto organizado: a Morena le falta convertir resentimiento en estructura de casilla, y Movimiento Ciudadano capta el color naranja de la protesta construyendo territorio propio que lo sostenga.

En Valencia, el Partido Popular gobernó la ciudad desde 1991 y la Generalitat desde 1995, y perdió ambas en las elecciones de mayo de 2015, cuando sus actos de masas seguían llenos y su base de operadores ya no movía el voto. Comparten el mecanismo: una hegemonía larga que sustituye resultados por movilización pagada. La diferencia pesa, porque en Valencia el detonante fueron expedientes judiciales; en Querétaro el desgaste se mide en baches, recibos, horas de traslado, salarios bajos y expedientes judiciales.

Un interregno con boletos de autobús

Como operador político vi llenarse ese mismo auditorio con gente que llegaba por su cuenta, porque su colonia tenía algo que agradecer. Hoy llegará en autobuses contratados, aplaudirá y se retirará. Adentro, la élite panista y priista se repartirá coordinaciones; afuera queda una ciudad con drenaje colapsado y calles olvidadas, pagando con impuestos el traslado de quienes aplauden.

El panismo llega herido a este domingo. Vive el interregno que anuncia el epígrafe, donde lo viejo todavía manda y lo nuevo aún no se organiza, y en ese intermedio aparecen fenómenos visibles en Querétaro: lealtad cobrada por pieza, unidad repetida a diario y pagarés por un servicio público. La válvula seguirá silbando mientras el fuego de abajo no baje. Un partido que paga por su aplauso ya empezó a pagar su derrota en abonos.


Correo: raulreyesgalvez@miradacritica.info


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