“Mientras la confianza en los medios tradicionales se desploma, un nuevo ejército de comunicadores redefine la narrativa: la era de los influencers llegó para disputarle el poder al periodismo.”
En este artículo, quiero compartirles el resultado de una reflexión y análisis personal sobre la transformación que ha vivido la comunicación política en México. Hoy, más que nunca, veo cómo las redes sociales han cambiado el juego, dando lugar a un fenómeno en el que los medios tradicionales, aquellos que alguna vez monopolizaron la narrativa pública, han perdido su lugar en el debate nacional. A través de esta investigación, me adentré en el conflicto entre la “vieja escuela” y la nueva ola de comunicadores —una lucha de poder que ha tomado nuevas formas y que evidencia un profundo cambio en cómo se construye la realidad social.
Comenzaré resaltando que en la era de la hiperconectividad, la comunicación política ya no es una cuestión unidireccional donde los periodistas y los medios deciden lo que es relevante. Ahora, estamos ante un campo de batalla en el que compiten dos maneras de contar las historias del país: los medios tradicionales y el creciente ejército de influencers, quienes han tomado las redes sociales como su espacio de poder. Esta transformación responde a múltiples factores que he venido analizando, entre ellos la pérdida de confianza en los periodistas de siempre, que en México suelen ser despectivamente llamados “chayoteros”.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, he observado con interés cómo un nuevo tipo de comunicador ha tomado protagonismo. Me refiero a los influencers y “Comunicadores Alternativos”, quienes se han consolidado como defensores activos del gobierno en redes sociales. Esta nueva ola de comunicadores digitales no solo defiende las políticas oficiales, sino que además busca ocupar un espacio que los medios tradicionales han dejado vacío, o quizá han perdido por no saber adaptarse a los cambios de la era digital. El presidente López Obrador, al promover una postura crítica hacia la radio, la televisión y la prensa escrita, posicionó a las “benditas redes sociales” como una alternativa a esos medios que, según él, representan intereses opuestos al pueblo.
La narrativa como ejercicio de poder: una mirada foucaultiana
Este fenómeno me llevó a reconsiderar algunas ideas de Michel Foucault sobre el poder y la narrativa. Foucault nos recordó que el poder no es solo opresivo, sino productivo, porque organiza nuestra realidad social. A partir de esta premisa, comprendí que la construcción de una narrativa no es solo un proceso de comunicación, sino un ejercicio de poder: quien controla el relato, controla también la percepción pública. En la transición que estamos presenciando, el desplazamiento de la confianza de los medios tradicionales hacia los influencers es un claro ejemplo de cómo esta lógica foucaultiana se manifiesta en la práctica.
La narrativa impulsada por la Cuarta Transformación es un caso paradigmático en este sentido. López Obrador, al cuestionar y desacreditar a los medios tradicionales, impulsa una interpretación de la realidad en la que estos medios son enemigos de la “verdad del pueblo”. Como observador, veo que aquí se configura una “tecnología del poder” que redefine el mapa de autoridad informativa y desplaza la confianza hacia esos nuevos influencers, quienes se presentan como portadores de una “verdad alternativa” —una verdad que responde a las emociones, las necesidades y los temores de un público que se siente olvidado por el periodismo tradicional.
Influencers vs. periodistas: ¿quién define la realidad?
En este escenario, los influencers no son solo actores emergentes, sino protagonistas de un cambio cultural. A diferencia del periodista tradicional, el influencer se muestra cercano, auténtico y dispuesto a comunicar sin el filtro de una línea editorial. Me llama la atención cómo estos nuevos comunicadores no buscan la neutralidad ni la objetividad, sino que explotan una narrativa emocional y directa que conecta con su audiencia. Esto lo explica Monedero en El gobierno de las palabras: en tiempos de confusión, las palabras se convierten en herramientas de poder, y los influencers parecen haber entendido esto a la perfección. Han logrado articular y amplificar las inquietudes de la gente, mientras que los medios tradicionales, en su inercia, parecen ser una extensión del área de comunicación del gobierno.
La falta de confianza en los medios tradicionales es una problemática creciente en México. Desde que el Instituto Reuters comenzó a medir este indicador en 2017, el nivel de credibilidad de los medios ha caído 17 puntos porcentuales en el país, situándose en un alarmante 36% en 2023. Este dato, muy por debajo del promedio mundial, es un reflejo claro del descontento de los mexicanos hacia los medios de siempre. En este contexto, los influencers encuentran una oportunidad: con la caída de la credibilidad en la “vieja escuela”, estos nuevos actores pueden establecer sus propias versiones de los hechos, llenando el vacío que dejan los medios tradicionales.
Viejos medios, nuevos retos
Esta crisis de credibilidad en los medios tradicionales me lleva a plantear la urgencia de una reconfiguración. Es un momento en que los periódicos y televisoras deberían asumir el reto de redefinir su papel en esta nueva dinámica de poder. Mi análisis apunta a que los medios necesitan, sobre todo, repensar su producto y su audiencia. En lugar de hablar a una “masa” indiferenciada, deben adaptarse a las particularidades de un público diverso y segmentado. Los medios tradicionales tienen ante sí la posibilidad de reconstruir su rol si logran conectar con las audiencias de una manera significativa y auténtica.
Entiendo que es una tarea complicada, pero los medios deben encontrar una identidad propia y distintiva que les permita recuperar la credibilidad. Esto implica que los periodistas deben acercarse a las inquietudes y realidades de la sociedad, transformando su discurso y buscando una narrativa que, sin perder rigor, logre resonar con el ciudadano común. En esta transición, los medios pueden convertirse nuevamente en puentes entre el poder y la ciudadanía, en actores que promuevan una comunicación más democrática y participativa.
La disputa por la democracia: comunicación, tecnología y hegemonía
A lo largo de mi investigación, he notado que esta reconfiguración de la comunicación política no es exclusiva de México, sino que representa un cambio global en nuestro siglo. Como señala Pablo Iglesias en Disputar la democracia, el poder ya no solo se disputa en los parlamentos o en las urnas, sino en el terreno de la narrativa. Esto representa un reto único para el periodismo, que ahora debe adaptarse a un contexto de competencia y de transformación digital sin perder su compromiso con la verdad y la ética informativa.
Como investigador, me queda claro que el desafío es grande: los periodistas deben aceptar que ya no son los únicos emisores de verdad, y a la vez explorar nuevas formas de contar historias que conecten emocionalmente con sus audiencias sin sacrificar la profundidad y el contexto. Foucault vería esto como una adaptación de las prácticas de poder, una manera de reposicionar la autoridad de los medios en un marco de comunicación cada vez más dinámico y fragmentado.
En conclusión, la batalla entre influencers y medios tradicionales es una disputa por la hegemonía en la construcción de la realidad social. Aunque esta competencia parece ser una amenaza para el periodismo, también es una oportunidad para que los comunicadores retomen su papel como mediadores en esta construcción compartida de nuestra realidad. Para lograrlo, los medios deberán redescubrir el poder de las palabras y construir una relación de confianza y diálogo con su audiencia.

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