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El diluvio narrativo: Querétaro, Kuri y la ausencia de estrategia en la era transmedia


“La política no es solo la administración de lo concreto, es el gobierno de los símbolos. El poder no se construye únicamente con cemento y acero, sino con relatos que movilicen emociones colectivas.”


La tormenta que azotó Querétaro y colapsó vialidades clave como Paseo 5 de Febrero puso en evidencia no solo las debilidades de la infraestructura física del estado, sino también las fracturas en la arquitectura simbólica que sostiene el poder político. En un contexto donde la legitimidad ya no depende exclusivamente de los resultados tangibles, sino de la capacidad para narrarlos y hacerlos significativos en la esfera pública, el gobierno encabezado por Mauricio Kuri se enfrenta a su mayor desafío: gobernar en la era transmedia sin una narrativa que articule hegemonía.


Lo ocurrido por las lluvias es más que una crisis de drenaje urbano. Es una crisis de relato, de comunicación y de poder simbólico. La falta de una estrategia narrativa robusta permitió que la oposición y los ciudadanos descontentos capturaran el marco interpretativo del acontecimiento, transformándolo en un relato viral sobre el fracaso gubernamental. En este nuevo campo de batalla, las emociones circulan con la velocidad del algoritmo y los relatos se desbordan más rápido que los propios colectores pluviales.



Del concreto al relato: la narrativa como dispositivo de poder

La narrativa política es mucho más que un conjunto de discursos o slogans publicitarios. Es, como plantea Chantal Mouffe, la forma en que se construyen significados compartidos, se movilizan afectos y se establece una hegemonía cultural que legitima al gobernante. Antonio Gramsci ya advertía que la verdadera lucha política ocurre en el terreno de la “batalla de ideas”, donde se disputa la dirección moral e intelectual de la sociedad.


El problema de Kuri y su equipo es que han concebido la comunicación como un accesorio de la gestión, no como el núcleo desde el cual se construye poder en el siglo XXI. En la era transmedia, la comunicación no es lineal ni unidireccional: es una red viva de relatos, emociones y conflictos donde múltiples actores disputan el sentido de los acontecimientos. Aquí, la infraestructura física sin una narrativa simbólica sólida está condenada a ser erosionada por la opinión pública.



El vacío estratégico y la tormenta digital

Cuando la tormenta paralizó Querétaro, la reacción del gobierno fue sintomática de su desconexión con las dinámicas narrativas contemporáneas. Mauricio Kuri, el director de Protección Civil y el secretario de Gobierno salieron a dar la cara. Culparon a la basura, intentaron explicar la obra como técnicamente necesaria y acusaron a la oposición de exacerbar el malestar ciudadano. Pero nadie les creyó. Su discurso no emocionó ni a los automovilistas varados en 5 de Febrero, Bernardo Quintana o el Centro Histórico, ni a los ciudadanos atrapados en la conversación digital.


Un cárcamo de 527 millones colapsó… y la narrativa de Kuri también. La frase se viralizó como un símbolo de la incapacidad gubernamental para prever y gestionar no solo la crisis hidráulica, sino la crisis de percepción.


En paralelo, el coordinador de comunicación del estado, quien debería haber liderado la contención narrativa, optó por la pasividad. Sin estrategia, sin voceros y sin una narrativa emocional que activara aliados digitales, dejó al gobernador solo ante un ejército opositor que comprendió mejor cómo articular una ofensiva simbólica y viralizar la indignación social. En ese momento, el costo de colocar a un godínez desleal en una posición estratégica se hizo evidente.



Narrativa transmedia y hegemonía: la batalla perdida

La narrativa transmedia, como plantea Henry Jenkins, consiste en la expansión de un relato a través de múltiples plataformas, donde cada medio aporta elementos nuevos al universo narrativo y permite una interacción activa de los públicos. Aplicada a la política, implica la construcción de un ecosistema simbólico que abarca desde los discursos institucionales hasta los memes en redes sociales, desde los spots oficiales hasta las conversaciones en WhatsApp.


El gobierno de Kuri falló en articular un relato transmedia que resignificara la obra Paseo 5 de Febrero como un símbolo de modernidad y compromiso social. Sin esa narrativa, la obra quedó expuesta a ser resignificada por sus adversarios como monumento al derroche y la incompetencia. Un cárcamo de 527 millones falló y otro tanto presupuestado para comunicación también falló.


La incapacidad para construir hegemonía simbólica revela un error de concepción más profundo: la política no se juega solo en el territorio físico, sino en el territorio emocional y narrativo donde se disputa el sentido común de la ciudadanía.



El costo de la incompetencia narrativa

El presupuesto millonario destinado al área de comunicación no compró inteligencia estratégica ni presencia efectiva en el campo digital. Se invirtió en boletines y spots institucionales que carecen de impacto en un entorno donde la ciudadanía demanda emociones auténticas y relatos con los que pueda identificarse.


Colocar en posiciones clave a perfiles sin formación en storytelling político, gestión de crisis ni escucha social fue un error que ahora amenaza con convertirse en un pasivo político de gran magnitud. La lealtad sin capacidad técnica no es virtud en política; es deslealtad funcional. Persistir en esta fórmula solo profundiza el vacío narrativo  político que puede convertir a Paseo 5 de Febrero en el epitafio político de un gobernador que, hasta hace poco, aspiraba a consolidarse como un referente nacional.


Última Escena: el relato como defensa del poder

Si el coordinador de comunicación tuviera un mínimo de respeto por Querétaro, por su equipo y por el gobernador que lo nombró, debería presentar su renuncia. Persistir en el cargo no solo perpetúa la mediocridad; bloquea cualquier intento de reconfigurar la narrativa gubernamental.


La política, como las tormentas, no perdona la improvisación. Sobrevive no quien construye más concreto, sino quien construye el relato más fuerte. En un tiempo donde la hegemonía se define en la conversación digital, Querétaro necesita menos godínez desleales y más estrategas capaces de disputar el sentido común.


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