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Querétaro bajo la lupa: narrativa, hegemonía y escucha social en el duelo político entre Luisa Alcalde y Mauricio Kuri

 

“La escucha social no mide opiniones, mide emociones políticas. Y Kuri, hoy, está en el lado equivocado del relato.”



Política en tiempos de narrativas

La política contemporánea no se disputa únicamente en las urnas, en las calles o en los congresos. Se juega, con igual o mayor intensidad, en el territorio emocional de la ciudadanía, donde las narrativas estructuran la percepción pública del poder. En este nuevo ecosistema, la escucha social se ha convertido en una herramienta crucial para medir estados de ánimo, identificar rupturas simbólicas y anticipar escenarios de crisis. Pero también es un campo de batalla, donde se libran guerras invisibles entre significantes flotantes como “transparencia”, “corrupción”, “traición” o “rendición de cuentas”.


El reciente conflicto entre Luisa María Alcalde y Mauricio Kuri —originado por las críticas de la dirigente morenista respecto a supuestas propiedades no declaradas del gobernador en Texas— ofrece un caso paradigmático para explorar cómo se construye, se impone y se disputa una narrativa política, y cómo esa narrativa puede poner en riesgo la hegemonía simbólica de un actor tradicional en su propio territorio.


La teoría de la narrativa política: el arte de contar lo que importa

La narrativa política, según Walter Fisher, no es un recurso decorativo del discurso, sino su estructura más profunda. Los líderes políticos no persuaden con datos, sino con relatos que ofrecen sentido a una realidad percibida como caótica. En este caso, Luisa María Alcalde logró construir un relato emocionalmente coherente y verosímil: el de un gobernador panista beneficiado por la opacidad, símbolo de los privilegios de una élite que se niega a rendir cuentas.

La clave de esta narrativa no está en su veracidad jurídica, sino en su coherencia moral. Es sencilla, apela a valores universales (honestidad, transparencia, rendición de cuentas) y sintoniza con el sentimiento social de hartazgo hacia la corrupción. Aunque Kuri respondió con hechos —declaraciones patrimoniales, reconocimientos de la ASF, logros administrativos—, su narrativa fue reactiva. Y en política, quien responde, ya va perdiendo.


Gramsci y la hegemonía simbólica: quien impone el lenguaje, impone la realidad

Desde la teoría de la hegemonía política, desarrollada por Gramsci y reelaborada por Laclau y Mouffe, lo fundamental en política no es solo controlar el aparato institucional, sino dominar el lenguaje, los símbolos, los valores. Alcalde no solo lanzó una acusación: instaló un nuevo significante maestro —la “transparencia”— en el centro del debate político queretano. Y lo hizo en uno de los bastiones del PAN, donde ese partido había gozado de legitimidad simbólica durante décadas.


Este movimiento no es inocente. Al convertir la “opacidad” en un significante flotante que puede ser apropiado por Morena, Alcalde despoja al PAN de uno de sus activos simbólicos más valiosos: la imagen de orden, legalidad y gestión ética. Si logra consolidar esta resignificación, Morena podría presentarse, incluso en Querétaro, como el nuevo partido del orden moral, desplazando al panismo a una posición defensiva y anacrónica.


Agenda pública y escucha social: las emociones como campo de poder

El análisis de sentimiento en redes sociales tras la acusación de Alcalde muestra una polarización significativa: por un lado, defensores firmes de Kuri que apelan a su historial de transparencia; por otro, críticos que lo asocian con privilegios ocultos y corrupción sistémica. Esta división no es anecdótica: refleja una disputa profunda por el clima emocional del electorado. Y ese clima, como han demostrado estudios recientes en comunicación política, es más determinante en los procesos de persuasión que cualquier plataforma de gobierno.

Alcalde, al colocar el tema en la agenda pública, consiguió una doble victoria: obligó a Kuri a responder en sus términos y logró que los medios —tradicionales y digitales— replicaran el encuadre narrativo de Morena. Mientras tanto, la audiencia digital reconfiguró el relato a través de memes, hilos, videos virales y comentarios con carga emocional. La narrativa panista —basada en resultados de gobierno— fue desplazada por una narrativa afectiva que conecta con la sospecha ciudadana.


El error estratégico de Kuri: responder sin cambiar la historia

En lugar de redefinir la conversación, Mauricio Kuri eligió el camino de la rectificación. Su narrativa —centrada en hechos objetivos y en la defensa del orgullo queretano— no logró contrarrestar el marco emocional que Alcalde había instalado. Peor aún: al insistir en su transparencia, sin desmontar el relato alternativo, reforzó la sospecha simbólica. Como señalaría Sun Tzu, responder al enemigo en el terreno que él ha escogido es iniciar la batalla en desventaja.


Kuri debió disputar el encuadre narrativo, no los hechos. Y, en lugar de plantear un nuevo horizonte de significación, se encerró en una narrativa de defensa técnica que no resuena con el ciudadano medio, que no se siente convocado por cifras, sino por causas.


Proyecciones hacia 2027: la guerra por la hegemonía ya comenzó


Este episodio no es menor. En Querétaro, donde el PAN conserva aún ventaja electoral según encuestas como Rubrum, lo que se disputa no es una elección, sino el relato fundacional del futuro. Morena busca, mediante episodios como este, construir una narrativa de renovación moral, desmantelar los mitos de buena gestión panista y abrir una grieta en el sentido común dominante. Si logra conectar esa narrativa con el malestar social —aunque sea incipiente—, podría convertir su desventaja electoral en una oportunidad hegemónica.


En cambio, el PAN enfrenta el riesgo de quedar anclado a un relato de pasado exitoso que ya no moviliza. Su mayor error no sería perder votos, sino perder el relato que los justifica. Porque como señala Laclau, las elecciones no se ganan solo en las urnas, sino antes, en la imaginación colectiva.


Última escena: la batalla por el relato ya está en marcha

El duelo entre Luisa Alcalde y Mauricio Kuri no es un simple desencuentro discursivo: es un episodio de una batalla mayor por la hegemonía simbólica en Querétaro. Alcalde ha demostrado que Morena tiene la capacidad de disputar incluso los territorios más consolidados del PAN, no con clientelismo ni estructuras, sino con relatos potentes, emocionalmente articulados y éticamente verosímiles.

El panismo, si desea conservar su hegemonía, deberá dejar de pensar en términos de gestión y comenzar a construir narrativas que convoquen. Porque en la política de nuestro tiempo, no gobierna quien administra mejor, sino quien cuenta mejor la historia del futuro.


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