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El error del “todo o nada”: el Batán y la estrategia fallida del PAN

 


“El que no mide sus fuerzas, se precipita en la derrota.” Sun Tzu, El arte de la guerra



El absolutismo como error político

En la historia de la teoría política, una constante advertencia aparece una y otra vez: la política no es un salto al vacío, sino un arte de equilibrios. Tanto Maquiavelo como Sun Tzu coincidían en que la supervivencia del poder depende menos de la audacia desbordada que de la prudencia calculada. El florentino advertía que el príncipe que confunde lo que debe ser con lo que es “aprende antes la manera de la autodestrucción que la de la autoconservación” . El estratega chino, por su parte, señalaba que un ejército derrotado es aquel que “lucha primero e intenta obtener la victoria después” .


Ambos coinciden en un principio fundamental: en política, el “todo o nada” es una trampa. Apostar todo a una sola carta no es signo de valentía, sino de rigidez; no es un despliegue de fuerza, sino una confesión de desesperación. En el terreno psicológico, este absolutismo refleja incapacidad de tolerar la ambigüedad, rechazo a la negociación y obsesión con el control. Y en el plano político, clausura los márgenes de maniobra, erosiona alianzas y convierte un problema concreto en una crisis existencial.


El caso del proyecto hídrico de El Batán en Querétaro encarna este error con claridad. El PAN, en lugar de construir un consenso amplio, optó por defenderlo como si se tratara de una cruzada civilizatoria: o todo o nada. El resultado fue el peor: nada.



El Batán: de promesa técnica a cadáver político

Cuando el gobernador Mauricio Kuri declaró públicamente que El Batán estaba “muerto”, la frase resonó como epitafio de una estrategia fallida. Lo que fue presentado como un megaproyecto destinado a garantizar agua para 50 años terminó convertido en un símbolo de derrota.


Martín Arango, dirigente estatal del PAN, sostuvo que se trataba de una obra respaldada por expertos y necesaria para la viabilidad hídrica. Guillermo Vega, desde el Congreso, culpó a Morena del estancamiento. Gerardo Ángeles, presidente de la Mesa Directiva, insistió en que aún había espacio para el diálogo. Pero todas esas voces compartían la misma premisa: el Batán no era negociable, sino indispensable.


El error fue doble. Primero, porque subestimaron el rechazo social. Colectivos ciudadanos y especialistas señalaron riesgos ambientales, dudas técnicas y posibles impactos en la salud. En lugar de atender esas críticas, el PAN respondió con una narrativa de acusación: quienes se oponían eran enemigos del desarrollo. Esa descalificación cerró los puentes que podrían haber construido un consenso.


Segundo, porque sobreestimaron su capacidad legislativa. El PAN asumió que podría convencer —o incluso comprar— votos en el Congreso para garantizar la aprobación. Pero en lugar de fracturar a la 4T, fortaleció su cohesión: los legisladores morenistas encontraron en la oposición al Batán un punto de unidad, una bandera común que reforzó su disciplina interna.



El ajedrez político y el zugzwang panista

El ajedrez político ofrece una metáfora poderosa: el zugzwang, esa situación en la que cualquier movimiento empeora la posición . Así está hoy el PAN. Si insiste en resucitar El Batán, enfrenta el rechazo ciudadano y la oposición legislativa. Si lo abandona, reconoce una derrota que debilita a su gobernador y desgasta su narrativa de gestión.


Este es el costo del absolutismo: convertir un proyecto técnico en un dilema existencial. En términos narrativos, El Batán ya no es una obra hídrica, sino un cadáver político que simboliza soberbia, desconexión ciudadana e incapacidad de negociación.


El “todo o nada” transformó lo que pudo ser una política pública en una guerra simbólica. Y en esa guerra, el PAN salió perdiendo: su proyecto murió antes de nacer, y su adversario político logró cohesionarse.



Morena y la paradoja de la unidad

Uno de los efectos más visibles de esta crisis es la inesperada cohesión de Morena en Querétaro. El PAN apostaba a que la presión legislativa fracturaría a la 4T. Pero ocurrió lo contrario: el rechazo al Batán operó como cemento político. En la lógica gramsciana, el PAN perdió la batalla por la hegemonía simbólica. No logró convencer de que el proyecto era “agua para la vida”, mientras que Morena sí logró instalar la narrativa de que se trataba de un “proyecto de muerte”, cargado de endeudamiento y riesgos sanitarios.


La paradoja es clara: un proyecto diseñado para ser la gran obra panista terminó funcionando como mecanismo de cohesión morenista. En lugar de debilitar al adversario, fortaleció su unidad interna y lo dotó de una bandera política que será utilizada en la disputa de 2027.



La escucha social: el eco digital del rechazo

En las redes sociales, el proyecto hídrico El Batán ha enfrentado una resistencia tan intensa como transversal. Bajo el hashtag #NoAlBatán, ciudadanos expresan miedo, indignación y desconfianza. Los señalamientos más repetidos apuntan al riesgo sanitario de consumir agua tratada, descrita como “agua del drenaje”, lo que cristaliza un rechazo visceral difícil de revertir. A ello se suma la crítica a la falta de transparencia: la ciudadanía percibe que se les negó información suficiente y que incluso se bloquearon espacios de participación en el Congreso. Las dudas técnicas y financieras, amplificadas por académicos y colectivos, han erosionado la credibilidad del proyecto, mientras la movilización ciudadana se articula en peticiones, foros y protestas digitales que han hecho visible un hartazgo social. La escucha social muestra que el Batán no solo fracasó en el terreno institucional, sino también en el simbólico: perdió la narrativa en la arena donde hoy se libra gran parte de la política, las redes digitales.



Un error estratégico rumbo al 2027

La política es acumulación de fuerzas, no un sprint hacia el abismo. El Batán debía ser, para el PAN, un instrumento de legitimidad de gestión rumbo a 2027. En cambio, se convirtió en un lastre narrativo.


El “todo o nada” los dejó sin margen: no supieron presentar alternativas, no tejieron consensos, no midieron la resistencia social. Y ahora pagan el costo de haber convertido la política del agua en una batalla ideológica perdida.


Este error estratégico tiene consecuencias profundas:


  • Debilita la imagen de Mauricio Kuri como líder capaz de construir acuerdos.
  • Expone a los liderazgos panistas como soberbios e inflexibles.
  • Fortalece la narrativa de Morena como defensora del interés social.
  • Coloca al PAN en posición defensiva rumbo al 2027, sin una bandera clara que le devuelva iniciativa.



El ajedrez político enseña que un mal movimiento en el medio juego puede hipotecar toda la partida . El PAN en Querétaro cometió ese error: sacrificó su propia posición por insistir en un proyecto innegociable, y ahora enfrenta un tablero adverso.



Epílogo: la locura del “todo o nada”

El “todo o nada” no es estrategia: es un síntoma de desesperación. Psicológicamente, refleja rigidez y obsesión; políticamente, clausura los márgenes de negociación y conduce al aislamiento.


El Batán quedará en la memoria política de Querétaro no como un proyecto hídrico, sino como el monumento a un error estratégico. El PAN apostó todo a una jugada y perdió. En el tablero rumbo a 2027, esa derrota puede costarles no solo un proyecto, sino la partida completa.


Como diría Maquiavelo, la prudencia está en “tomar por bueno el menos malo de los obstáculos” . El PAN eligió el peor: el absolutismo. Y en política, ese camino rara vez conduce a la victoria.


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