Amanece en Querétaro y el vapor de la cafetera parece más político que aromático. El fuego suena igual que una asamblea interna: burbujeante, ansiosa, a punto de desbordarse. Morena ha puesto su cafetera al máximo con el llamado juego de corcholatas, esa competencia controlada donde todos los granos participan, pero solo uno termina en la taza. La escena tiene algo de alquimia y algo de estrategia: el objetivo no es descubrir quién sabe más, sino quién aguanta el hervor sin quemarse. El juego de corcholatas en Morena Querétaro no es improvisación, es método. La unidad se volvió dogma, la disciplina su religión, y la encuesta, su ritual de purificación. Los aspirantes viajan, se miden, se prueban y sonríen como si el vapor no les quemara las manos. Pero el fondo del asunto es más profundo: no se trata de una competencia electoral, sino de una lucha de egos y de estructuras, cuidadosamente diseñada para que nadie sienta que pierde. Una guerra interna que se libra con reglas de etiqueta: ...
El propósito de mi blog es ofrecer un análisis político profundo y accesible, centrándome en la narrativa que rodea los acontecimientos y procesos políticos.