El café de esta mañana viene con sabor a propaganda mal molida. El domingo 26 de octubre, el aparato de comunicación del gobierno estatal de Querétaro decidió hacer lo que mejor sabe: inventarse su propio relato. Bastó una publicación de Luisa María Alcalde en X —con su frase perfectamente medida “si hoy fueran las elecciones”— para que la coordinación estatal abriera la cartera presupuestal y mandara a todos sus medios aliados a cantar victoria anticipada: “El PAN ya ganó la gubernatura de 2027”. No hubo análisis, solo prisa por servir un titular que confirmara la fantasía. En ese gesto se resume el error narrativo del panismo queretano: confundir deseo con diagnóstico.
El primer principio de la narrativa política es no pelear con los hechos, sino interpretarlos a tu favor. Pero el PAN decidió torcerlos, y eso, en comunicación, es pecado capital. Alcalde no “aceptó” que Querétaro seguiría siendo panista, sino que contextualizó un momento: el mapa electoral si hoy fueran las elecciones. El matiz es todo. Su frase es un anclaje en el presente, no una profecía. Lo entendió quien sabe leer política; lo manipuló quien vive de convertir titulares en espejismos. Ese es el error del spin panista: creer que la narrativa se impone con presupuesto, cuando en realidad se construye con credibilidad.
El error narrativo se agrava porque la comunicación oficial confundió la función del frame con la del show. Una narrativa eficaz no consiste en proclamar victorias, sino en instalar emociones colectivas que den sentido. El panismo queretano, al lanzarse a gritar “ya ganamos”, activó la emoción equivocada: la soberbia. En lugar de fortalecer su relato de gestión o de orden —que aún tiene audiencia—, optaron por la arrogancia del “inevitable”. Ese tono, en una sociedad harta de elites, opera como un búmeran: el que presume poder, lo pierde.
Luisa Alcalde, en cambio, jugó con otra gramática: la del momentum. Su mensaje fue un encuadre pedagógico para la base morenista, mostrando dónde están los bastiones del PAN, pero también dejando entrever que todo puede cambiar. Su mapa no era un epitafio, sino un llamado a la acción. Mientras el PAN quiso cerrar la historia con un “ya ganamos”, Morena la mantuvo abierta con un “aún falta mucho por escribir”. En narrativa política, el que deja abierta la historia conquista el futuro. El que la da por terminada, se queda atrapado en el pasado.
El problema de fondo es que el gobierno estatal quiso convertir una foto en destino. Un error clásico en comunicación política: usar un dato condicional como herramienta de propaganda, en vez de como insumo de estrategia. La fake news no solo miente, sino que revela miedo. Miedo a perder el control del relato, miedo a que la ciudadanía descubra que el poder no es eterno, miedo a que la historia cambie de autor. Y cuando se comunica desde el miedo, se traiciona la narrativa original.
☕ Moraleja política:
En la guerra de relatos, quien se adelanta a cantar victoria pierde la capacidad de escuchar al pueblo. Sun Tzu lo diría así: “El que cree haber ganado antes de luchar, ya perdió el sentido de la estrategia.” Maquiavelo lo confirmaría: “El príncipe prudente no presume dominio, lo demuestra con resultados.” En Querétaro, el error no fue la encuesta, sino la lectura. El PAN no ganó nada; solo se bebió su propia propaganda… sin azúcar, y con sabor a derrota anunciada.
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