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La curva invisible: cuando el PAN celebra sus encuestas y pierde el poder sin darse cuenta

 


“Cuando un gobernante confunde aplausos con lealtades, la caída no llega por sorpresa: apenas confirma lo que el pueblo llevaba años murmurando.”  Raúl Reyes Gálvez



La política queretana despierta estos días con una sensación inquietante, casi como cuando uno prueba el café muy caliente y nota en la lengua ese ardor sutil que anuncia problemas. En teoría, el PAN aparece arriba en todas las encuestas que circulan —y ellos lo celebran como si fueran verdades reveladas—, pero en la realidad concreta, la que se siente en la calle, en el WhatsApp de las colonias, en los grupos empresariales y en los pasillos del Centro Cívico, la hegemonía panista está entrando en una fase que la literatura especializada conoce bien: el pico, la meseta… y la caída suave que casi nadie detecta a tiempo.


No es un invento mío. En estudios de ciencia política publicados en Electoral Studies, Party Politics y The Journal of Politics, se documenta un fenómeno recurrente: cuando un partido dominante llega a su máxima intención de voto sin ampliar base social y, simultáneamente, la percepción de rechazo permanece por encima del 50%, se activa la curva descendente.

Y lo más peligroso es que esa caída comienza cuando el partido todavía presume victoria.


Ahí está hoy el PAN de Querétaro.



Cuando las encuestas se vuelven espejos deformados

En teoría, las encuestas internas deberían ser una brújula.

En la práctica, cuando un partido está emocionalmente desgastado, se vuelven narcóticos: adormecen a la dirigencia, ralentizan las decisiones y generan la ilusión de control.


El panismo queretano vive exactamente eso.


Las mediciones que presentarán esta semana —las que dan una cómoda ventaja al PAN y colocan a Felifer a la cabeza de la contienda interna— no cuentan una historia de fuerza real, sino una de inercia estadística:


  • Más del 50% de rechazo hacia los candidatos “mejor posicionados”.
  • Cerca del 20% de indecisos, un océano de electores que jamás se define antes del último año, y que suele moverse a donde aparezca la alternativa fresca.
  • Una caída estructural del voto duro panista, irreemplazable con marketing electoral.



Pero el PAN decidió apostarlo todo a la numeraria.

Y ese es el error que los estudios sobre colapso de partidos tradicionales subrayan: cuando una organización se aferra a los números para negar la crisis interna, los números se convierten en su tumba narrativa.



El 2024 abrió la grieta: el 2025 la está ensanchando

El golpe electoral de 2024 no fue menor:


  • El PAN perdió la legislatura y quedó en minoría por primera vez en más de una década.
  • Morena avanzó con fuerza y ganó tres diputaciones federales, mientras el PAN apenas conservó dos de seis.
  • La capital se sostuvo por alianzas, no por músculo propio.



Los estrategas serios saben que esto activa un principio estudiado desde hace décadas: cuando el partido dominante deja de controlar el Legislativo, empieza su erosión emocional como maquinaria.


Y eso es justo lo que vemos en 2025.



El éxodo azul: cuando los aliados se cansan y los militantes se van

Primero ocurrió en cortito, en mesas privadas donde los liderazgos panistas hablaban de “cansancio”, “incumplimientos”, “desvíos de rumbo”.


Hoy ya sucede a plena luz del día.


  • Exmilitantes panistas avanzan hacia Movimiento Ciudadano.
  • Lideresas comunitarias que antes operaban para el PAN hoy denuncian abiertamente que no les cumplieron los acuerdos del 2024.
  • Exoperadores del blanquiazul suben videos criticando al partido por haberse convertido en “el nuevo PRIANismo”, entregando secretarías, regidurías y coordinaciones al PRI… justo a quienes antes los perseguían.



Lo que la teoría llama “fractura de élites”, aquí se vive con nombre: fuego amigo, reclamos en público, traiciones discretas.


Este tipo de quiebre genera un efecto inevitable: cuando tus propios liderazgos dejan de creer en ti, el votante lo huele.


Y se va.


Felifer y la tormenta perfecta

A Felifer Macías le está ocurriendo algo que cualquier manual de campaña advertiría: cuando te conviertes en el punto focal de todas las lealtades… también te conviertes en el punto focal de todas las traiciones.


No es solo su estilo de gobierno lo que está desgastando al PAN.

Es la suma:


  • La infraestructura urbana quebrada.
  • Los impuestos altos.
  • Los servicios caros.
  • La sensación extendida de que “vivir en Querétaro ya no alcanza”.
  • Empresarios cansados de clausuras que operan en silencio… pero operan.
  • Ciudadanía que pasa del respeto al fastidio.


Ese caldo emocional es el que genera líderes antiPAN: personajes que hace un año aún tenían trato cordial con el partido y hoy afilan cuchillo en redes sociales, en chats y en reuniones nocturnas.

Se dicen ciudadanos libres, pero tienen un objetivo: la alternancia en 2027.



Movimiento Ciudadano y el “efecto Armando Rivera”

La teoría lo explica:

Cuando un partido dominante entra en meseta y su rechazo aumenta, aparece un actor disruptivo que captura el voto cansado pero no radicalizado.


Ese actor, en Querétaro, se llama Armando Rivera.


Su llegada a MC no solo fortaleció al partido naranja; lo convirtió en una plataforma de exiliados panistas, empresarios prudentes, ciudadanos hartos y operadores que buscan futuro.


Lo más interesante es que su crecimiento, por ahora, no se nota tanto en las encuestas.

Y es normal: los fenómenos disruptivos tardan seis a nueve meses en expresarse plenamente en mediciones públicas.

Pero internamente, en el PAN, ya lo sienten, lo viven, pero no lo ven por la ceguera de la soberbia.


La curva de intención de voto del panismo está llegando a su punto máximo en 2025.


2026 será el año de la caída visible.


La última escena: La madre de todas las batallas

Lo que viene para 2027 no será una elección normal.

Será una guerra por la reconfiguración completa del sistema político queretano.


Un PAN desgastado y dividido.

Un Morena que huele sangre y quiere capitalizar la ruptura emocional.

Un MC que atrae a los exiliados y se vende como la opción fresca.

Empresarios moviéndose con cautela.

Liderazgos ciudadanos cansados de la soberbia azul.

Y una ciudadanía que ya no compra discursos de “continuidad”, sino de “cambio real”.


El PAN apuesta todas sus fichas a las encuestas.

Pero los estrategas sabemos que las encuestas no ganan elecciones.

Las emociones sí.

Y hoy, la emoción dominante en Querétaro es el hartazgo.


Lo digo sin dramatismo, sino con precisión técnica:

El PAN ya llegó a su pico.

Está en la meseta.

La caída ya inició —lenta, silenciosa, inevitable—. Y 2026 será el año en que todos finjan sorpresa por algo que estaba escrito desde ahora.


Bienvenidos a la madre de todas las batallas: La batalla por la narrativa, por el territorio, por el voto emocional y por el futuro político de Querétaro.


Y como diría Maquiavelo, con esa frialdad quirúrgica que tanto incomoda:“Los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.”


Pues bien: la ciudadanía ya siente que el panismo le está costando demasiado.


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