lunes, 20 de abril de 2026

La máquina de la victimización

 La máquina de la victimización 

Cómo Gilberto Herrera convierte cada golpe en combustible — y por qué sus enemigos son incapaces de dejar de golpearlo





“El verdadero político no necesita ejércitos: necesita enemigos disciplinados, sin conocimiento en comunicación política, predecibles para construir su pedestal mientras creen que lo están demoliendo.” — Refracción de Maquiavelo, Greene y Gramsci. Laboratorio queretano, 2026


El ritual y el diagnóstico


Son las 5:00 AM. La Bialetti gorgotea en la penumbra del estudio. El vapor dibuja en el aire una pregunta que lleva meses rondando el tablero político queretano: ¿cómo es posible que Gilberto Herrera Ruiz —diputado federal, exrector de la UAQ, investigado por presuntos desvíos de 320 millones de pesos— no solo no se hunda, sino que crece?

La respuesta no está en los expedientes judiciales. Está en la gramática del poder contemporáneo: esa zona donde la teoría del frame de Lakoff, las 48 leyes de Greene y las 21 leyes de Maxwell convergen para describir un fenómeno que las élites políticas queretanas aún no logran descifrar. En la era de la polarización, la victimización estratégica es el activo más rentable del mercado político.

Tomo el primer sorbo. Amargo, como debe ser. Lo que sigue no es análisis complaciente. Es una radiografía del error sistémico.



El frame del mártir: alquimia narrativa 


George Lakoff estableció que la política no se libra en los hechos, sino en los marcos de interpretación. Herrera ha construido un frame de tal perfección dialéctica que funciona como máquina de conversión automática: cada acusación en su contra es transmutada, en tiempo real, en prueba de persecución.

En febrero de 2026, un juez federal desestimó la investigación por el presunto desvío en la UAQ. Herrera no respondió con tecnicismos legales. Contraatacó con narrativa: “maniobra político-electoral para frenar mis aspiraciones.” La judicialización fallida se convirtió en combustible. “Quisieron destruirme y no pudieron” no es una declaración. Es un frame que se autoinstala.

[Ley 6 · Greene] Herrera no busca atención por atención. Busca atención cualificada: la que activa emociones específicas en su base. La controversia no es ruido. Es el mensaje. Y el mensaje es siempre el mismo: “Me atacan porque les duele que defienda al pueblo.”

La base no juzga evidencia. Juzga coherencia del relato. Y la coherencia, en política, vence a la verdad.


Pedro haces: el villano que escribe solo


El 15 de abril de 2026, Herrera denunció un presunto fraude de 100 millones de pesos que habría afectado a 500 maestros y 100 pensionados queretanos. La respuesta de Pedro Haces, líder de la CATEM, fue el error estratégico definitivo: amenazarlo directamente desde el escaño. “Te prohíbo que te metas con CATEM.” La teoría de la comunicación política es implacable: el que amenaza en público, pierde.

La conferencia donde Herrera expuso las amenazas fue eliminada del canal del Congreso minutos después. Efecto Streisand ejecutado a la perfección: intentar silenciarlo lo hizo viral. Las métricas digitales post-denuncia CATEM (abril 2026) registran un incremento del 15% en simpatía entre votantes de Morena para Gilberto Herrera.

[Ley 15 · Greene] Haces dejó resquicios: amenazas verbales sin consecuencias, denuncias sin ejecución. Eso permitió que Herrera activara la Ley 27: jugar con la necesidad humana de creer en algo. Un líder sindical con estructura y recursos se convirtió en el mejor publicista gratuito de su adversario.


Kuri y el PAN: disparando al blanco equivocado


Mauricio Kuri comete el mismo error con mayor presupuesto y menor comprensión del terreno de la comunicación política. El panismo pinta a Herrera como “lobo demagogo.” El problema: no ofrece alternativa a los 500 maestros defraudados. Al tratar a Herrera como adversario principal, Kuri le concede reconocimiento institucional. Es la Ley 34 de Greene aplicada en reversa: al tratar a Herrera como rey de la oposición, Kuri lo corona.

Kuri y Haces subestiman el arraigo de Herrera porque miden poder en cargos institucionales, no en capital simbólico. Atacarlo por corrupción universitaria es como intentar ahogar a un pez por falta de oxígeno atmosférico: se ataca el órgano equivocado. Su base —maestros, comerciantes, pensionados, Sierra Gorda— no depende de la UAQ. Depende de redes sostenidas en programas sociales federales que es como arquitectura de lealtades. Ahí está el Terreno Firme de Maxwell: confianza construida en territorio, no en instituciones.

“No están golpeando a Herrera. Están golpeando a su gente. Y esa gente no responde con argumentos. Responde con lealtad.”


La paradoja de los números: Medel el miedo de los adversarios 


Una encuesta de llamadas robotizadas —nivel de rechazo del 99%, cien mil llamadas para mil respuestas, sin penetración en jóvenes ni celulares— coloca a Herrera en 4.6% de “intención de voto” frente a Santiago Nieto (29.5%). El dato parece demoler esta tesis. No lo hace. La encuesta realmente no sabemos que mida; Herrera no necesita ganar hoy —necesita ser el nombre que resuena cuando truene el escándalo. La Ley del Proceso de Maxwell: los líderes se desarrollan diariamente, no en un día.

Mientras Nieto disputa el voto moderado, Herrera monopoliza el voto del agravio —el de quienes creen que “la 4T se vendió.” No necesita el 30% de las encuestas robotizadas. Le basta con ser el factor de desempate en una elección cerrada. El 4.6%  mide realmente el nivel de miedo de sus adversarios.


Hegemonia desde los márgenes: Gramsci  


Herrera no resiste por ideología pura: resiste porque ha descubierto que la victimización es el activo más líquido del mercado político contemporáneo. Es outsider e insider simultáneamente: controla la mayoría del consejo estatal de Morena, pero para la base se presenta como el purificador que combate las “cúpulas” desde dentro.

La facción interna “TUCOGIL” —Todos Unidos Contra Gilberto— es el mejor regalo que sus adversarios le han entregado. No es “Gilberto contra Morena.” Es “Gilberto contra los corruptos de Morena.” La diferencia entre un conflicto de poder —que divide— y una cruzada moral —que une— es la diferencia entre perder y ganar una narrativa.



Cierre: el enemigo que no han sabido leer


Lavo la Bialetti con calma. El ritual ha terminado, pero el día apenas empieza. Afuera, Querétaro despierta con la misma certeza de siempre: el PAN gobierna, Morena se desgarra, y Gilberto Herrera sigue dando conferencias que alguien intenta borrar.

Maquiavelo advirtió hace cinco siglos: es mejor ser temido que amado. La fórmula se ha actualizado en la era post-verdad: es mejor ser percibido como resistente que como poderoso. Porque el poder se cuestiona; la resistencia, se venera. El mártir vivo vence al héroe institucional.

Si Kuri, los voceros del gobierno estatal, Ulises Gomez de la Rosa vocero del equipo de Luis Humberto Fernandez, Sinhué Piedragil, entre otros no cambian de estrategia, no estarán enfrentando a un candidato. Estarán coronando a un símbolo. Y en el ajedrez queretano, el jaque mate no viene con tropas. Viene con relatos que ordenan el sentido común.

Herrera ya escribió el suyo. Los demás solo le dan páginas.

El café se terminó. La columna, también. No quiten la vista, ahí viene el plebeyo que camina la capital, es del equipo de Gilberto Herrera.


viernes, 12 de diciembre de 2025

El acuerdo como forma de poder


 “La política comienza donde termina la moral absoluta.” Max Weber


Cuando el poder baja la voz

Hay mañanas en las que la política se entiende mejor antes de que empiece el ruido. El café aún no hierve del todo, la ciudad sigue medio dormida y uno repasa mentalmente las jugadas recientes como si fueran movimientos en un tablero de ajedrez. En esos momentos se vuelve evidente una verdad incómoda: el poder no se ejerce solo desde el conflicto, también —y a veces sobre todo— desde el acuerdo.

La ratificación de Ernestina Godoy como fiscal general de la República, el pasado 3 de diciembre de 2025, con 97 votos a favor en el Senado, fue presentada como un acto estrictamente institucional. Y lo fue. Pero también fue un gesto político de alta densidad simbólica. Entre esos votos estuvieron los de los senadores de Querétaro. No fue casualidad. Fue una señal cuidadosamente emitida en un sistema donde, como advertía Norbert Elias, el poder rara vez se expresa de forma directa: suele circular, insinuarse y equilibrarse.

Como lo será, en cuestión de días, la aprobación sin sobresaltos del paquete económico del gobierno estatal antes del 15 de diciembre, fecha límite marcada por la ley. Ambos hechos no son episodios aislados. Forman parte de una misma racionalidad política: la del acuerdo como mecanismo de estabilización en contextos de alta polarización.


El acuerdo no es traición, es cálculo

Un acuerdo político no es una claudicación ideológica ni una concesión vergonzante. Es un pacto racional entre actores con poder efectivo para reducir la incertidumbre, administrar conflictos y preservar gobernabilidad. La teoría política clásica y contemporánea es clara en este punto. Maquiavelo lo planteó sin rodeos: quien gobierna debe aprender a no ser bueno cuando la conservación del orden lo exige. Weber, desde otra orilla, profundizó la idea al distinguir entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Gobernar pertenece, inevitablemente, a la segunda.

Desde esta perspectiva, la relación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Mauricio Kuri debe analizarse sin ingenuidad moral ni prejuicio partidista. No estamos ante una alianza ideológica, ni ante un pacto programático de largo plazo. Estamos ante un entendimiento estratégico entre dos actores que reconocen una verdad básica del realismo político: la cooperación limitada puede ser más rentable que el conflicto total.

Robert Dahl advertía que en las democracias modernas el poder nunca es absoluto, siempre es relacional. Nadie gobierna solo. Y cuando los centros de poder se bloquean mutuamente, el sistema entero paga el costo.


La Fiscalía, el presupuesto y la hegemonía

Para la presidenta Sheinbaum, la ratificación amplia de la fiscal general fortalece mucho más que una institución. Refuerza la legitimidad del Estado. En clave gramsciana, se trata de un movimiento orientado a consolidar hegemonía, entendida no como dominación pura, sino como dirección política aceptada. Una Fiscalía avalada por una mayoría calificada reduce la percepción de imposición y amplía el consenso mínimo necesario para que el aparato judicial funcione sin erosión constante.

Para el gobernador Kuri, la aprobación del paquete económico representa un movimiento igualmente racional. Evitar una crisis presupuestal en el cierre de su administración no solo garantiza continuidad administrativa; también preserva capital político. Giovanni Sartori insistía en que la estabilidad institucional es un valor democrático en sí mismo. Un presupuesto bloqueado habría abierto un escenario de parálisis que ninguna fuerza estaba en condiciones de capitalizar plenamente.

Aquí entra el papel del bloque de Morena en la Legislatura local. Un bloque que, no nos hagamos, históricamente ha mantenido vasos comunicantes con sectores del panismo. Hoy honrará los acuerdos no por sumisión, sino por lectura correcta del momento político. Como diría Gramsci, el “sentido común” no es espontáneo: se construye. Y hoy ese sentido común dicta que una crisis artificial sería políticamente irracional.


Gobernar sin incendiar el tablero

Sun Tzu sostenía que la mejor victoria es la que se obtiene sin combatir. Evitar el choque frontal entre Federación y estado, entre Morena y PAN, es una victoria estratégica compartida. La confrontación permanente produce rendimientos decrecientes: desgasta narrativas, erosiona instituciones y trivializa el conflicto.

Carl Schmitt veía la política como la distinción entre amigo y enemigo. Pero incluso desde esa visión dura, la enemistad absoluta conduce al colapso del orden. Las democracias modernas, como recuerda Chantal Mouffe, necesitan antagonismo, sí, pero un antagonismo canalizado institucionalmente. El acuerdo no elimina el conflicto; lo contiene dentro de reglas compartidas.

Los acuerdos que hoy se observan no anulan la competencia futura. La posponen. Preservan el tablero para que la disputa ocurra donde debe ocurrir: en las urnas, no en la parálisis gubernamental.


Cuando todos ganan, nadie gobierna solo

Existe una obsesión contemporánea por leer todo acuerdo como traición. Esa lógica responde más a la política-espectáculo que a la política real. La democracia no es una sucesión infinita de choques, sino un sistema para procesar diferencias sin destruir la estructura que las contiene.

En este episodio, Claudia Sheinbaum consolida autoridad nacional sin abrir frentes innecesarios. Mauricio Kuri garantiza gobernabilidad local sin dinamitar su relación con el centro. Morena actúa como fuerza de gobierno, no solo como fuerza testimonial. El PAN evita una crisis que no estaba en condiciones de convertir en ventaja estratégica. Todos ganan algo. Nadie lo gana todo. Esa es, precisamente, la definición clásica del acuerdo político funcional.


Epílogo. El poder que no hace ruido

Cuando el 15 de diciembre el paquete económico sea aprobado sin estridencias, muchos dirán que “todo estaba arreglado”. Probablemente. Pero la pregunta relevante no es si hubo arreglo, sino si ese arreglo fortaleció la estabilidad democrática y preservó la capacidad del Estado para gobernar.

El poder no siempre se grita. A veces se ejerce en voz baja, con acuerdos que no entusiasman, pero sostienen. En una democracia tensionada por la polarización, entender eso no es cinismo. Es, simplemente, teoría política aplicada a la realidad.


lunes, 24 de noviembre de 2025

La curva invisible: cuando el PAN celebra sus encuestas y pierde el poder sin darse cuenta

 


“Cuando un gobernante confunde aplausos con lealtades, la caída no llega por sorpresa: apenas confirma lo que el pueblo llevaba años murmurando.”  Raúl Reyes Gálvez



La política queretana despierta estos días con una sensación inquietante, casi como cuando uno prueba el café muy caliente y nota en la lengua ese ardor sutil que anuncia problemas. En teoría, el PAN aparece arriba en todas las encuestas que circulan —y ellos lo celebran como si fueran verdades reveladas—, pero en la realidad concreta, la que se siente en la calle, en el WhatsApp de las colonias, en los grupos empresariales y en los pasillos del Centro Cívico, la hegemonía panista está entrando en una fase que la literatura especializada conoce bien: el pico, la meseta… y la caída suave que casi nadie detecta a tiempo.


No es un invento mío. En estudios de ciencia política publicados en Electoral Studies, Party Politics y The Journal of Politics, se documenta un fenómeno recurrente: cuando un partido dominante llega a su máxima intención de voto sin ampliar base social y, simultáneamente, la percepción de rechazo permanece por encima del 50%, se activa la curva descendente.

Y lo más peligroso es que esa caída comienza cuando el partido todavía presume victoria.


Ahí está hoy el PAN de Querétaro.



Cuando las encuestas se vuelven espejos deformados

En teoría, las encuestas internas deberían ser una brújula.

En la práctica, cuando un partido está emocionalmente desgastado, se vuelven narcóticos: adormecen a la dirigencia, ralentizan las decisiones y generan la ilusión de control.


El panismo queretano vive exactamente eso.


Las mediciones que presentarán esta semana —las que dan una cómoda ventaja al PAN y colocan a Felifer a la cabeza de la contienda interna— no cuentan una historia de fuerza real, sino una de inercia estadística:


  • Más del 50% de rechazo hacia los candidatos “mejor posicionados”.
  • Cerca del 20% de indecisos, un océano de electores que jamás se define antes del último año, y que suele moverse a donde aparezca la alternativa fresca.
  • Una caída estructural del voto duro panista, irreemplazable con marketing electoral.



Pero el PAN decidió apostarlo todo a la numeraria.

Y ese es el error que los estudios sobre colapso de partidos tradicionales subrayan: cuando una organización se aferra a los números para negar la crisis interna, los números se convierten en su tumba narrativa.



El 2024 abrió la grieta: el 2025 la está ensanchando

El golpe electoral de 2024 no fue menor:


  • El PAN perdió la legislatura y quedó en minoría por primera vez en más de una década.
  • Morena avanzó con fuerza y ganó tres diputaciones federales, mientras el PAN apenas conservó dos de seis.
  • La capital se sostuvo por alianzas, no por músculo propio.



Los estrategas serios saben que esto activa un principio estudiado desde hace décadas: cuando el partido dominante deja de controlar el Legislativo, empieza su erosión emocional como maquinaria.


Y eso es justo lo que vemos en 2025.



El éxodo azul: cuando los aliados se cansan y los militantes se van

Primero ocurrió en cortito, en mesas privadas donde los liderazgos panistas hablaban de “cansancio”, “incumplimientos”, “desvíos de rumbo”.


Hoy ya sucede a plena luz del día.


  • Exmilitantes panistas avanzan hacia Movimiento Ciudadano.
  • Lideresas comunitarias que antes operaban para el PAN hoy denuncian abiertamente que no les cumplieron los acuerdos del 2024.
  • Exoperadores del blanquiazul suben videos criticando al partido por haberse convertido en “el nuevo PRIANismo”, entregando secretarías, regidurías y coordinaciones al PRI… justo a quienes antes los perseguían.



Lo que la teoría llama “fractura de élites”, aquí se vive con nombre: fuego amigo, reclamos en público, traiciones discretas.


Este tipo de quiebre genera un efecto inevitable: cuando tus propios liderazgos dejan de creer en ti, el votante lo huele.


Y se va.


Felifer y la tormenta perfecta

A Felifer Macías le está ocurriendo algo que cualquier manual de campaña advertiría: cuando te conviertes en el punto focal de todas las lealtades… también te conviertes en el punto focal de todas las traiciones.


No es solo su estilo de gobierno lo que está desgastando al PAN.

Es la suma:


  • La infraestructura urbana quebrada.
  • Los impuestos altos.
  • Los servicios caros.
  • La sensación extendida de que “vivir en Querétaro ya no alcanza”.
  • Empresarios cansados de clausuras que operan en silencio… pero operan.
  • Ciudadanía que pasa del respeto al fastidio.


Ese caldo emocional es el que genera líderes antiPAN: personajes que hace un año aún tenían trato cordial con el partido y hoy afilan cuchillo en redes sociales, en chats y en reuniones nocturnas.

Se dicen ciudadanos libres, pero tienen un objetivo: la alternancia en 2027.



Movimiento Ciudadano y el “efecto Armando Rivera”

La teoría lo explica:

Cuando un partido dominante entra en meseta y su rechazo aumenta, aparece un actor disruptivo que captura el voto cansado pero no radicalizado.


Ese actor, en Querétaro, se llama Armando Rivera.


Su llegada a MC no solo fortaleció al partido naranja; lo convirtió en una plataforma de exiliados panistas, empresarios prudentes, ciudadanos hartos y operadores que buscan futuro.


Lo más interesante es que su crecimiento, por ahora, no se nota tanto en las encuestas.

Y es normal: los fenómenos disruptivos tardan seis a nueve meses en expresarse plenamente en mediciones públicas.

Pero internamente, en el PAN, ya lo sienten, lo viven, pero no lo ven por la ceguera de la soberbia.


La curva de intención de voto del panismo está llegando a su punto máximo en 2025.


2026 será el año de la caída visible.


La última escena: La madre de todas las batallas

Lo que viene para 2027 no será una elección normal.

Será una guerra por la reconfiguración completa del sistema político queretano.


Un PAN desgastado y dividido.

Un Morena que huele sangre y quiere capitalizar la ruptura emocional.

Un MC que atrae a los exiliados y se vende como la opción fresca.

Empresarios moviéndose con cautela.

Liderazgos ciudadanos cansados de la soberbia azul.

Y una ciudadanía que ya no compra discursos de “continuidad”, sino de “cambio real”.


El PAN apuesta todas sus fichas a las encuestas.

Pero los estrategas sabemos que las encuestas no ganan elecciones.

Las emociones sí.

Y hoy, la emoción dominante en Querétaro es el hartazgo.


Lo digo sin dramatismo, sino con precisión técnica:

El PAN ya llegó a su pico.

Está en la meseta.

La caída ya inició —lenta, silenciosa, inevitable—. Y 2026 será el año en que todos finjan sorpresa por algo que estaba escrito desde ahora.


Bienvenidos a la madre de todas las batallas: La batalla por la narrativa, por el territorio, por el voto emocional y por el futuro político de Querétaro.


Y como diría Maquiavelo, con esa frialdad quirúrgica que tanto incomoda:“Los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.”


Pues bien: la ciudadanía ya siente que el panismo le está costando demasiado.