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El colapso de la credibilidad: Morena, entre el ayer prometedor y el mañana incierto

Es una fría mañana de domingo. El café expreso acaba de estar listo y la primera taza se sirve, mientras el sonido de la cafetera italiana sigue resonando en la cocina. El ritual de preparar el café y el aroma que se expande en el aire me dan una sensación de calma, un espacio necesario para la reflexión. Hoy, mientras espero el partido entre los Steelers y los Eagles, me encuentro atrapado en una reflexión más profunda sobre la política local, sobre la lucha de poder que no solo se juega en los pasillos de la legislatura, sino también en la plaza pública digital.



La política es, ante todo, narrativa. Más allá de los números, los datos y las leyes aprobadas, lo que define el curso de un movimiento político es su capacidad de construir un relato que conecte con las aspiraciones y emociones de la ciudadanía. Morena, el partido que llegó al poder como una fuerza de transformación, se encuentra atrapado en una contradicción que amenaza con consumir su credibilidad: la distancia entre su discurso de cambio y su praxis política.


La reciente aprobación del Presupuesto Estatal 2025 en Querétaro es un caso emblemático. Con 17 votos a favor, 6 en contra y 2 abstenciones, la legislatura avaló un proyecto que, lejos de ser una victoria política para Morena, evidencia la fractura interna del partido y su incapacidad para mantener una narrativa coherente frente a su electorado.


El dilema moral: ideales vs. pragmatismo


Morena nació como una reacción al pragmatismo vacío y tecnocrático de los partidos tradicionales. Su promesa fundacional fue recuperar la política como un espacio de transformación radical. Sin embargo, en Querétaro, sus legisladores parecen haber sucumbido al mismo pragmatismo que tanto criticaron. Al votar a favor del presupuesto, no solo validaron una propuesta que beneficia estratégicamente al PAN, sino que también traicionaron las expectativas de sus votantes.


En política, ceder no siempre implica traicionar. Sin embargo, cuando la cesión carece de un relato que la justifique ante las bases, se convierte en una concesión vacía. ¿Cómo justificar que los mismos legisladores que prometieron “ponerle freno al gobernador” ahora voten a favor de un presupuesto sin anexos claros ni garantías de transparencia?


La respuesta oficial ha sido el silencio, o peor, la confusión. Algunos diputados se abstuvieron de votar, mientras otros defendieron su decisión con argumentos que parecían más redactados en las oficinas del gobierno estatal que en las trincheras de la oposición. Es un reflejo de lo que Juan Carlos Monedero llamaría “el lenguaje prestado de la subordinación”.


La hipocresía del cambio prometido


Morena prometió un cambio profundo, pero su narrativa se ha ido vaciando de contenido. Uno de los casos más simbólicos es la municipalización de Santa Rosa Jáuregui, Vizarrón y Santiago Mexquititlán. Este proyecto representaba una verdadera descentralización del poder, un acto de justicia histórica para comunidades marginadas. Sin embargo, la aprobación del presupuesto sin incluir estos compromisos en el plan financiero es una traición flagrante.


En términos narrativos, esta promesa incumplida es un golpe devastador. La municipalización no era solo un tema técnico, sino un emblema del cambio que Morena decía representar. Al ignorarlo, los legisladores de Morena han minado su legitimidad y han fortalecido la percepción de que, en el poder, son indistinguibles de aquellos a quienes criticaron.


La sombra del sistema: el dilema del “ajedrez político”


La política, como el ajedrez, requiere de estrategias a largo plazo. Pero Morena parece estar jugando sin un plan claro. En la película El Diputado (1978), Eloy de la Iglesia retrata a un político atrapado entre sus ideales y las intrigas del sistema. Morena enfrenta hoy un dilema similar: ¿cómo mantener su identidad transformadora mientras navega en las aguas de la política institucional?


El PAN le está demostrando a los legisladores de Morena que sabe jugar este “ajedrez político”. A pesar de ser minoría en la legislatura, ha logrado consolidar un control efectivo sobre la legislatura queretana. Esto no es casualidad, sino el resultado de una estrategia que combina negociación, presión y el uso efectivo de sus narrativas. Morena, por el contrario, parece estar reaccionando a cada movimiento del PAN sin anticiparse, como si jugara a defender un rey ya sitiado. En la legislatura de Querétaro, la 4T encontró su tumba.


El descontento en las redes: una nueva plaza pública


El escenario político ya no se define únicamente en los recintos legislativos. Hoy, las redes sociales son el campo de batalla donde se libra la lucha por la legitimidad. Y en este terreno, Morena está perdiendo.


La analítica avanzada muestra un creciente descontento en las redes. Los términos “traición”, “engaño” y “abandono” dominan las conversaciones sobre Morena. La percepción de que sus legisladores han cedido al sistema es generalizada, y no solo entre sus opositores, sino también entre sus propios votantes.


Esto es especialmente preocupante porque Morena siempre ha dependido de su conexión emocional con las bases. La narrativa del cambio no solo era un eslogan de campaña; era el vínculo que unía al partido con una ciudadanía que anhelaba justicia social y dignidad. Al romper ese vínculo, Morena arriesga no solo su desempeño electoral, sino su propia existencia como fuerza política transformadora.


Conclusión: el precio de no cumplir


Morena enfrenta un futuro incierto. Si no logra articular una narrativa coherente que explique sus decisiones y recupere la confianza de sus bases, su proyecto estará condenado a la irrelevancia. El presupuesto aprobado en Querétaro es un recordatorio de que el poder no se gana solo en las urnas, sino también en la capacidad de mantener la legitimidad ante quienes lo otorgan.


Hoy, los legisladores de Morena bailan la música panista que endulza sus oídos revolucionarios de izquierda, con sus pasitos de ballet torpes y desorientados. En este escenario, la contradicción no es un desliz, es un espectáculo grotesco: un partido que llegó al poder prometiendo subvertir el sistema, ahora se mueve con docilidad al ritmo que le marca el poder. Este baile, lejos de ser una coreografía estratégica, se ha convertido en un tropiezo que no solo erosiona la credibilidad de Morena, sino que desmantela pieza por pieza su narrativa transformadora en Querétaro.


Hoy, podríamos afirmar, con una mezcla de decepción y resignación, que descanse en paz la 4T en Querétaro. Murió por la falta de compromiso social y, sobre todo, por la ausencia de autenticidad en la política.


Mientras apuro el último sorbo de café, no puedo evitar preguntarme si Morena entenderá este mensaje antes de que sea demasiado tarde. Porque en política, como en el ajedrez, los movimientos apresurados y las concesiones sin relato son, casi siempre, los más costosos.



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