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El shock del escándalo político: Estrategias de poder y narrativa electoral

 



“El escándalo político es el precio que se paga por el poder, una moneda que se gasta entre luces y sombras”.


El reciente ataque político del gobernador Mauricio Kuri contra el diputado federal de Morena, Gilberto Herrera, marca el banderazo de salida para la contienda electoral de 2027 en Querétaro. Lo que a simple vista podría parecer una ofensiva aislada, adquiere otro significado cuando se analiza bajo la óptica de la estrategia política y el impacto del escándalo en la narrativa transmedia. Este episodio, orquestado con precisión, ilustra cómo el escándalo es un arma que polariza, moviliza y condiciona la percepción pública.


El escándalo como estrategia política


En “El Arte de la Guerra”, Sun Tzu afirma: “Toda guerra se basa en el engaño”. En política, el escándalo funciona como un campo de batalla donde el golpe no siempre busca destruir al adversario, sino debilitarlo, sembrar dudas y movilizar a las bases propias. En este caso, las denuncias por presuntos desvíos de 320 millones de pesos durante la gestión de Herrera como rector de la UAQ no solo pretenden erosionar su imagen pública, sino también encuadrar su figura como un símbolo de corrupción en un estado históricamente adverso a Morena.


La narrativa, impulsada por el excontralor Alejandro Ramírez y amplificada por el fiscal general, no es accidental. Ambos personajes, marcados por su propio historial de escándalos —desde la negligencia en casos de acoso en la UAQ hasta el caso Esmeralda—, son piezas clave en un ajedrez político diseñado para golpear sin comprometer directamente al gobernador. Esta táctica, que Sun Tzu describiría como “usar espadas prestadas”, permite que Kuri se mantenga por encima del conflicto mientras su ejército mediático libra la batalla.


El shock del escándalo: Anatomía de una narrativa electoral


Braulio González, en El shock del escándalo político: La Estrategia del Poder en la Era Transmedia (2024), argumenta que el escándalo no solo es inevitable en la política moderna, sino que se ha convertido en una herramienta indispensable en la construcción de narrativas. En el caso de Querétaro, el gobernador Kuri emplea el escándalo como un “evento sísmico” que sacude la esfera pública y obliga a la opinión pública a tomar partido.


La era transmedia permite que estas historias se fragmenten y repliquen en múltiples plataformas, desde redes sociales hasta medios tradicionales. El resultado es una narrativa omnipresente, diseñada para maximizar el impacto emocional y cognitivo. Herrera, por su parte, responde con una contra-narrativa clásica: victimización y denuncia de persecución política, lo que le permite mantener a su base movilizada y reafirmar la imagen de un Morena que desafía al poder hegemónico del PAN.


El escándalo como recurso de desgaste y legitimación


En política, nada es casualidad. La sincronización del ataque contra Herrera con el anuncio de aspiraciones de Sinhue Piedragil, diputado local cercano a la Corregidora, muestra cómo el escándalo puede servir a múltiples propósitos: debilitar a un adversario mientras se legitima a otro. En palabras de Sun Tzu: “Golpea al enemigo donde menos lo espere”.


El gobernador no solo busca socavar la candidatura de Herrera, un perfil sólido para Morena, sino también enviar un mensaje a sus aliados y adversarios internos: en Querétaro, las líneas de batalla ya están trazadas. La maniobra de Piedragil al apoyar el presupuesto del PAN es un movimiento estratégico que ruboriza incluso a los diputados panistas más leales, evidenciando la profundidad del conflicto.


Por otro lado, los escándalos son armas de doble filo. Al involucrar a figuras cuestionadas como Ramírez y el fiscal general, el PAN corre el riesgo de alimentar una narrativa de hipocresía y debilidad institucional. La historia reciente demuestra que los escándalos políticos tienen un ciclo de vida impredecible; lo que comienza como un ataque calculado puede transformarse en un boomerang que erosiona la legitimidad del atacante.


Conclusión: El escándalo como moneda de cambio


El escándalo político es inseparable de la narrativa electoral moderna. En un contexto donde los golpes mediáticos definen la percepción pública, las campañas ya no son exclusivamente batallas de propuestas, sino guerras de narrativas donde el shock y la polarización son armas recurrentes.


Mauricio Kuri ha desplegado una estrategia que combina elementos de desgaste y polarización, pero los próximos meses serán decisivos para medir su efectividad. Como lo señala González (2024): “El político que se lanza al campo de batalla mediático sabe que el escándalo no solo lo define como estratega, sino también como objetivo”.


Gilberto Herrera, mientras tanto, deberá demostrar si está preparado para resistir el impacto del escándalo y transformar el ataque en una plataforma que consolide su candidatura. La narrativa electoral de 2027 en Querétaro ya está en marcha, y el escándalo será, como siempre, la moneda que se gasta entre luces y sombras.


Referencias


González, B. (2024). El shock del escándalo político: La Estrategia del Poder en la Era Transmedia. Editorial AZPOL Comunicación.


Sun Tzu. (2018). El Arte de la Guerra (Traducción de D. Santillán). Editorial EDAF.


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