“El Zócalo lleno es el corazón del pueblo que late al ritmo de la justicia social y la transformación.”
En su mensaje con motivo de los primeros 100 días de gobierno, Claudia Sheinbaum consolidó la narrativa del populismo de la Cuarta Transformación (4T): una política que se construye sobre la justicia social, la legitimidad popular y la movilización del pueblo como actor central. El Zócalo de la Ciudad de México, lleno hasta sus límites, no fue solo un escenario, sino un símbolo de poder y hegemonía popular que define a este gobierno.
Como afirman Bibieri y Cadahia (2022) en Siete ensayos sobre el populismo, el populismo no es solo una forma de gobernar, sino una manera de articular el vínculo entre el pueblo y el poder. Este acto de movilización en el Zócalo encarna el núcleo de esa idea: la plaza pública es el lugar donde se manifiesta el poder del pueblo. En este contexto, el populismo de la 4T no debe entenderse como una estrategia demagógica, sino como un proyecto de construcción de hegemonía que responde al mandato de quienes han sido históricamente excluidos.
El Zócalo como expresión de legitimidad
El Zócalo lleno no es solo un hecho logístico, es una representación tangible de legitimidad política. Como lo señala Monedero (2019) en El gobierno de las palabras, “las palabras en política no son solo declaraciones, son actos que convocan a la acción”. En este caso, el acto de llenar la plaza más emblemática del país reconfigura el poder político como un pacto colectivo entre gobernantes y gobernados.
En su discurso, Sheinbaum destacó que “el humanismo mexicano será el eje rector” de su administración. Esta afirmación, lejos de ser una frase retórica, es la consolidación de un discurso político que pone a la justicia social como fundamento de su legitimidad. La referencia a que “por el bien de todos, primero los pobres” conecta directamente con el ethos fundacional de la 4T, reforzando la narrativa de que este gobierno no traiciona a su base, sino que la fortalece.
Justicia social y la reivindicación del pueblo
El populismo de la 4T, como proyecto político, se define por su compromiso con la justicia social. Los logros destacados en estos primeros 100 días –como el aumento del salario mínimo, la histórica generación de empleos formales y la erradicación de la corrupción como principio rector del gasto público– no son solo políticas públicas, sino actos de justicia histórica.
Como sostienen Bibieri y Cadahia (2022), el populismo tiene la capacidad de resignificar las instituciones para que respondan a las demandas del pueblo. Esto se evidencia en la reforma al poder judicial impulsada por Sheinbaum, la cual busca democratizar la justicia al permitir la elección de jueces y magistrados. Este acto no solo transforma las estructuras del poder judicial, sino que las convierte en un vehículo para la redistribución de poder hacia quienes han sido históricamente excluidos.
Hegemonía y simbolismo político
La 4T no solo gobierna, construye hegemonía. En palabras de Monedero (2019), “la hegemonía se construye desde la capacidad de conectar con las emociones colectivas y transformar el sentido común”. El Zócalo lleno no es únicamente un evento político; es un acto performativo que refuerza el simbolismo del pueblo como el sujeto histórico de la transformación.
La narrativa de Sheinbaum, centrada en la justicia social y en la lucha contra el modelo neoliberal, se articula con fuerza a través de símbolos y acciones que conectan con las demandas populares. Este gobierno no se define por promesas vacías, sino por hechos que materializan el ideal de “gobernar con el pueblo y para el pueblo”.
El populismo de la 4T como respuesta histórica
El populismo de la 4T, lejos de ser un fenómeno pasajero, responde a un momento histórico en el que la democracia y la justicia social son inseparables. La movilización en el Zócalo reafirma que el poder popular no es una abstracción, sino una fuerza viva que legitima las acciones del gobierno.
Claudia Sheinbaum, al rendir cuentas de sus primeros 100 días, no solo destacó los logros de su administración, sino que consolidó un discurso que articula justicia social, legitimidad y simbolismo. Este es un gobierno que, como ella misma afirmó, no traiciona y no regresa al pasado. La 4T no solo gobierna, transforma, y en esa transformación radica su capacidad para construir hegemonía.
Referencias
Bibieri, P., & Cadahia, L. (2022). Siete ensayos sobre el populismo. Editorial Akal.
Monedero, J. C. (2019). El gobierno de las palabras: Política para tiempos de confusión. Akal.

Comentarios
Publicar un comentario