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El arte de la espera: ajedrez político entre Morena y Kuri en Querétaro

 


“Querétaro se juega en silencio: mientras Kuri administra, Morena mueve piezas con estrategia.”


Esta es una mirada crítica. Una columna sin complacencias, escrita desde la trinchera de quienes entienden que el poder no es un espacio estático, sino un tablero de ajedrez donde cada movimiento define el destino. Querétaro, por años bastión de la derecha tecnocrática, se ha convertido en uno de los terrenos más observados del ajedrez político nacional. No por su tamaño, sino por su simbolismo: aquí se libra una batalla estratégica entre un panismo que se descompone por dentro y una izquierda que aprendió a jugar con paciencia, siguiendo los preceptos de El arte de la guerra de Sun Tzu: “La suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar”.


El gobernador Kuri enfrenta un dilema clásico de quien llegó alto sin preparar el suelo. Su administración transita entre la inercia de la gestión y la ausencia de visión estratégica. Se rodeó de cuadros reciclados, excluyó a liderazgos históricos, y apostó por un modelo de control sin cohesión. La lógica parece más de administración que de poder. Pero el poder no se conserva con Excel ni con discursos domingueros: se defiende con estrategia política, se extiende con narrativa política y se conquista con inteligencia política.


El tablero interno: cuando los aliados se vuelven obstáculos


El primer error estratégico de Kuri ha sido confundir gobernabilidad con lealtad silenciosa. En lugar de fortalecer al panismo tradicional, lo desarticuló al permitir la entrada de actores ajenos al ADN del partido. La consecuencia: un PAN sin alma, dividido, sin brújula. La política no es solo de nombres, sino de códigos compartidos. La base panista –la que toca puertas, la que llena eventos, la que convence vecinos– se siente traicionada. Y cuando la base se resiente, el castigo llega en las urnas, no con gritos, sino con silencios.


En política, como en la guerra, una tropa desmotivada vale más que un enemigo bien preparado en tiempos de campaña. La falta de renovación de cuadros, la marginación de liderazgos naturales, y la imposición de perfiles inertes ha dejado a Kuri solo en medio de una batalla que no parece entender. No hay estrategia sin cohesión, ni victoria sin equipo.


El adversario silencioso: la guerra de posiciones de Morena


Mientras el panismo local se consume en sus propias contradicciones, Morena nacional ejecuta con precisión quirúrgica su juego de desgaste. El manual no es improvisado. Es la estrategia gramsciana del asedio prolongado: no confrontar directamente al enemigo fuerte, sino rodearlo con narrativa política, programas sociales y símbolos de cercanía. Sun Tzu lo anticipó hace siglos: “El que es experto en el arte de la guerra somete al enemigo sin dar batalla”.


Morena no ha ganado aún, pero ha sembrado. En cada colonia popular donde llega el bienestar, en cada narrativa política que instala el gobierno federal en las mañaneras y en sus visitas a Querétaro, en cada espacio donde la presidenta Claudia Sheinbaum marca la agenda por encima del gobernador, se construye hegemonía. Y lo hace sin prisa. Porque entiende que el 2027 no se gana con promesas de campaña, sino con una siembra política que ya empezó.


La reciente cancelación del programa de salud estatal por el programa federal “Médico en tu calle”, impulsado personalmente por Claudia Sheinbaum como emblema de su política pública de proximidad, es más que un cambio administrativo. Es una jugada maestra en el tablero de la narrativa política: desarmar al adversario quitándole su único logro visible en la capital. No es solo política pública. Es mensaje de fuerza. Morena nacional le dijo al gobernador: aquí mandamos nosotras. Y lo hizo con una sonrisa institucional, como quien avanza un peón que nadie ve, pero que terminará coronando.


Este es el sello distintivo de la narrativa política presidencial de Sheinbaum: una política que se despliega con rostro humano, que baja al territorio con los programas de bienestar, que se presenta como alternativa de cercanía frente al poder lejano y tecnócrata del gobierno estatal. No se trata solo de programas. Se trata de símbolos, de relatos que encarnan una nueva forma de gobernar y que desafían la autoridad local con legitimidad construida desde abajo. “La mejor victoria es vencer al enemigo sin pelear.”


El poder de la percepción: donde el bolsillo se encuentra con el relato


En tiempos de polarización, la ciudadanía no elige solo por ideología, sino por percepción. Y aquí es donde Kuri se enfrenta al enemigo más peligroso: la frustración silenciosa. No es una oposición organizada la que amenaza su legado, sino una ciudadanía que ya no cree. La vida cotidiana golpea. El agua más cara y escasa, los servicios públicos caros y más lentos, a pesar de grandes cifras invertidas a la inseguridad se percibe creciente. Todo ello forma una narrativa política paralela a la institucional, una narrativa política que no necesita voceros, porque la cuentan los vecinos en la esquina, los usuarios en redes, los padres de familia al ver sus calles rotas.


La narrativa política panista, basada durante décadas en la estabilidad y el orden, comienza a resquebrajarse. No hay discurso que alcance cuando la calle dice otra cosa. Y aquí Morena nacional tiene una ventaja: ofrece esperanza, aunque aún no gobierne. El gobernador ofrece cifras, pero sin alma. Y en política, gana quien emociona, no quien administra.


Estrategia transmedia: la guerra también se da en la pantalla


Uno de los errores más graves del gobernador ha sido subestimar el poder de la narrativa política digital. Un sector de Morena en Querétaro, con sus limitaciones, ha sabido construir una presencia transmedia eficaz: videos emotivos, mensajes directos, presencia territorial amplificada por redes. En contraste, el gobierno estatal parece comunicar desde un siglo pasado: boletines y ruedas de prensa con café, pero sin impacto, eventos que no conmueven, discursos que no se viralizan.


En esta nueva plaza pública, quien no logra ser tendencia es irrelevante. La guerra por el poder ya no se da solo en la calle o en los medios tradicionales. Se da en WhatsApp, en Facebook, en X. Y ahí Morena nacional con las mañaneras ya tomó la delantera, desde hace tiempo. Con cada historia que conecta emocionalmente, construye comunidad. Con cada silencio del gobernador, pierde una batalla.


¿Qué debería hacer Kuri?


La pregunta no es menor. Kuri aún tiene tiempo, pero no margen de error. Debe asumir que su papel no es administrar una herencia, sino defender un bastión político. Necesita reconstituir al panismo desde adentro, abrir la puerta a los liderazgos que hoy caminan con resentimiento, y construir una narrativa política de futuro. No basta con gobernar con cifras: hay que emocionar, disputar sentidos, narrar esperanza.


Y hacia afuera, debe mirar con respeto al adversario, más cuando Morena Nacional trae en su hoja de ruta política a Querétaro. Morena no es un partido desorganizado, aunque en Querétaro así se perciba: es una maquinaria con centro de mando nacional, con estrategia de largo aliento y con recursos que saben traducirse en percepción. Subestimar eso es suicida. El gobernador debe plantear una contraofensiva de narrativa política, apropiarse simbólicamente del tren federal, y lanzar un programa de alto impacto que reconecte con la ciudadanía desde lo emocional.


Además, el gobernador deberá ser muy cauteloso, cuidadoso y tomar la decisión de acuerdo a la mejor carta, la mejor evaluada en las encuestas, sin dejarse llevar por sentimentalismos ni presiones internas. En política, las emociones mal canalizadas cuestan elecciones, y la lealtad sin eficacia es un lujo que en Querétaro el panismo no puede permitirse rumbo al 2027.


El 2027 será una guerra sin balas, pero con consecuencias políticas profundas. Y solo ganará quien sepa leer el tablero completo, como lo enseñó Sun Tzu: “El que conoce al enemigo y se conoce a sí mismo, no correrá peligro en cien batallas”.


Moraleja:

En política, como en el arte de la guerra, la peor derrota es aquella que llega sin haber dado pelea. Gobernar sin estrategia política es como mover piezas sin entender el ajedrez: tarde o temprano, el jaque mate llega. Querétaro no está perdido, pero tampoco está asegurado. Kuri tiene que decidir si quiere ser un jugador o solo una ficha más del tablero.


Raúl Reyes Gálvez es economista, consultor político y analista de estrategias de poder con una trayectoria como diputado, regidor y operador de campañas.


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