Ir al contenido principal

El Mayo, Washington y la soberanía en ruinas

 



“El Mayo confesó, Washington aplaudió… y México quedó desnudo: narco, poder y soberanía en ruinas.”


El 25 de agosto de 2025 no fue un lunes cualquiera. Fue un lunes negro. Ese día, Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los hombres más buscados en la historia del narcotráfico, se declaró culpable en una corte de Nueva York. No lo hizo en México, no fue un tribunal mexicano el que escuchó sus confesiones sobre toneladas de droga traficada, sobre sobornos a policías, militares y políticos. Fue Estados Unidos quien se arrogó el derecho de juzgarlo, quien retuvo los bienes y quien exhibió ante el mundo lo que aquí siempre supimos, pero rara vez se quiso reconocer: que México tiene una narcopolítica incrustada hasta la médula.


El problema no es solo Zambada. El problema es lo que revela su confesión: un Estado que entregó su soberanía judicial, que se resignó a mirar cómo el vecino del norte se queda con los capos y con sus fortunas, mientras en territorio mexicano quedan los muertos, las viudas y los huérfanos. Más de 1,500 vidas se apagaron en Sinaloa tras su captura y extradición. La ecuación es insultante: ellos obtienen resultados, nosotros acumulamos cadáveres.



La nueva narrativa de Sheinbaum: continuidad o ruptura



Claudia Sheinbaum ha intentado diferenciarse de Andrés Manuel López Obrador en el terreno de la relación bilateral. Mientras su antecesor se enredaba en desplantes retóricos contra Donald Trump, ella ha optado por una diplomacia pragmática: resultados, no discursos. Lo deja ver en su cálculo inmediato: entregar capos, exhibir operativos y ganar oxígeno frente a las presiones de Washington.


El respaldo de la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, a la administración mexicana no es gratuito. Washington necesita mostrar que la guerra contra las drogas sigue viva y que la Casa Blanca de Trump puede presumir logros históricos en la captura de líderes criminales. A cambio, Sheinbaum consigue lo que considera un respiro en otras áreas: la negociación del T-MEC, la contención de las voces trumpistas que claman por operaciones militares en suelo mexicano, y un margen político para evitar embestir directamente contra gobernadores o senadores de su propio partido vinculados al narco.


Pero aquí se abre la grieta narrativa: ¿puede un gobierno que se proclama como la cuarta transformación de México sostener un discurso de soberanía, cuando la justicia contra los capos se libra en cortes extranjeras? ¿Puede hablar de ruptura histórica con el pasado cuando repite la misma lógica de entregar a Estados Unidos a quienes deberían ser juzgados en territorio nacional?



El juego político: arrestos diferidos y sacrificios calculados


En Palacio Nacional existe la creencia de que los arrestos pueden dosificarse. Primero Iván Archibaldo Guzmán, pieza de cambio para demostrar eficacia y contener a Trump. Después, eventualmente, algún político menor para simular mano dura. Lo que se busca evitar es lo inminente: que las investigaciones estadounidenses terminen alcanzando a figuras centrales del oficialismo, como gobernadores o líderes legislativos.


Es la política como ajedrez: sacrificar peones para salvar a la reina. Pero en este juego, las reglas no las dicta México, sino Washington. La visita confirmada de Marco Rubio en septiembre es prueba de ello: Estados Unidos marca los tiempos y los temas. Y el gobierno mexicano, atrapado entre la necesidad de sobrevivir políticamente y el miedo a exhibir su propia narcopolítica, acepta el rol de socio menor en un tablero que debería disputar con dignidad.



La teoría política de la corrupción aplicada a México



La corrupción, decía Karl Popper, no es solo un abuso de poder sino un quiebre del pacto social que sostiene a la democracia. Cuando la corrupción se convierte en sistema, el Estado deja de ser garante del interés público y pasa a ser operador de intereses privados. Eso es lo que revela el caso Zambada: que el narcotráfico y la política mexicana no son mundos paralelos, sino vasos comunicantes.


La lista de once políticos —gobernadores en funciones, exmandatarios, fiscales, jueces— vinculados por investigaciones periodísticas con distintos cárteles confirma que el fenómeno no tiene color partidista: es transversal. Y la confesión de El Mayo ante un tribunal extranjero le da a esa lista un peso que ninguna declaración presidencial puede neutralizar.


México queda así expuesto en el escenario internacional: como un país que no controla a sus criminales, que no juzga a sus corruptos y que permite que otro Estado haga el trabajo. El costo no es solo simbólico: es la erosión de la legitimidad interna y la fragilidad de la narrativa soberana.



La herida de la soberanía


El triunfo que Estados Unidos presume tiene un lado oscuro: el injerencismo. Zambada no cayó por la fortaleza institucional de México, sino por una operación avalada y orquestada desde Washington. El resultado es una herida profunda en la soberanía.


La presidenta puede aprobar nuevas leyes, puede reorganizar el Poder Judicial, puede intentar construir un discurso distinto. Pero nada borrará la imagen de un capo mexicano confesando ante un juez extranjero lo que los jueces mexicanos nunca escucharon. Nada borrará la evidencia de que la justicia, cuando se trata de los grandes peces, no ocurre aquí, sino allá.



Última escena: el teatro de la justicia



Imagino la última escena como un teatro invertido. En Nueva York, un juez estadounidense dicta sentencia contra un hombre que durante medio siglo fue el fantasma del narco. En México, los políticos se observan en silencio, midiendo sus palabras, temiendo que el eco de esas confesiones los alcance. Afuera, la sociedad se pregunta cómo fue posible que un Estado entero funcionara tanto tiempo al servicio de un criminal.


Lo dramático es que no es solo la historia de Zambada: es la historia de México expuesta ante el mundo. Washington presume justicia, la 4T presume pragmatismo, y el país queda desnudo, sin soberanía judicial, con un sistema político señalado y con la mancha indeleble de la narcopolítica.


Ese es el verdadero desafío de Sheinbaum: romper no con la retórica de su antecesor, sino con los hechos que hoy la igualan. Porque si México no puede juzgar a sus propios criminales, la promesa de transformación queda reducida a simulacro. Y un país que convierte la justicia en espectáculo ajeno es un país que sigue siendo rehén de su propia sombra.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El relato del agua como verdad revelada: la narrativa de Kuri y la sombra del autoritarismo

  “En Querétaro, el agua dejó de ser un derecho y se convirtió en dogma. Quien no cree en El Batán, es un traidor; quien pregunta, un enemigo; y quien exige transparencia, un hereje. Así no se gobierna: así se impone una fe ciega disfrazada de progreso.” Salgo a caminar por la ciudad. Mismo recorrido de siempre. Mismo café de la esquina. Mismas calles. Pero algo ha cambiado. Ya no hay lonas del gobierno anunciando obras; ahora cuelga el silencio. Ya no se exhiben cifras, proyecciones ni estudios: se repiten eslóganes como letanías. “Agua para todos”, “tecnología de punta”, “infraestructura moderna”. El Batán, más que una política hídrica, se ha vuelto un evangelio. Uno donde la fe sustituye al dato, y la obediencia al debate. Lo que el gobernador Mauricio Kuri presenta como una solución técnica, es en realidad una sofisticada narrativa de poder, construida meticulosamente para ocultar un modelo de endeudamiento estructural, dividir a la sociedad, y blindar un proyecto público con...

El error de no jugar: abstenerse hoy, desaparecer mañana

  “En el tablero del poder, hay una regla no escrita: solo gana quien está dispuesto a jugar, incluso en desventaja.” Hay decisiones políticas que nacen del cálculo, otras de la convicción. Pero hay una tercera categoría, aún más peligrosa: las que brotan del miedo disfrazado de dignidad. La decisión de un sector de la oposición de llamar a la abstención en la elección judicial del próximo domingo no puede calificarse como estrategia. Es, en el fondo, una capitulación anticipada. Un error político de dimensiones históricas que revela, más que un desacuerdo con la reforma judicial, una falta de voluntad para disputar el poder en las condiciones reales del juego político. Porque aquí no se trata solamente de si la reforma judicial es buena o mala —ese debate, legítimo y necesario, ya se dio, aunque sea a medias y en trincheras ideológicas—. Lo que está en juego hoy es algo más profundo: el sentido mismo de la participación democrática, la lógica de la confrontación política como inst...

Morena: entre la élite dorada y la militancia empobrecida, la crisis de un partido en el poder

  “Morena nació prometiendo austeridad y justicia; hoy enfrenta lujos, corrupción y acusaciones de narcopolítica que amenazan con devorar su propia legitimidad.” Cuando Morena nació, se presentó como la antítesis del viejo régimen: un movimiento que hablaba de austeridad republicana, de humildad juarista, de un “primero los pobres” que galvanizó a millones de mexicanos cansados de las élites políticas. Ese relato fundacional fue suficiente para conquistar la presidencia en 2018 y arrasar en las urnas a lo largo del país. Sin embargo, hoy, apenas siete años después, la fuerza que prometía regenerar la vida pública enfrenta una crisis interna profunda, que combina viejos vicios con nuevas ambiciones. El contraste es brutal: una dirigencia convertida en élite dorada, con estilos de vida de millonarios, frente a una militancia que sigue en la precariedad y que observa, con desconcierto y rabia, cómo la narrativa de la austeridad se derrumba. El peso del legado y la fragilidad de la uni...