“El arte de la guerra se basa en el engaño… Si el oponente es arrogante, fomenta su egoísmo; si está unido, siembra la disensión.” — Sun Tzu
La política mexicana suele parecer un tablero de ajedrez, donde las piezas menores definen, con sus movimientos calculados o erráticos, el destino de la partida . El reciente retiro del visado estadounidense al diputado federal Mario López Hernández, “La Borrega”, militante del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), es uno de esos episodios aparentemente menores que, sin embargo, desatan ondas expansivas en las coordenadas de poder. El hecho ha colocado al Verde en una situación incómoda: atrapado entre la expectativa de ampliar su influencia electoral en 2027 y la necesidad de mantener prudencia para no tensar innecesariamente sus relaciones con la presidenta Claudia Sheinbaum ni con Washington.
La cautela como reflejo de supervivencia
La dirigencia del PVEM reaccionó con cautela tras la cancelación del visado de López. No hubo declaraciones estridentes ni gestos de confrontación. El silencio, en este caso, es una estrategia: evitar agravar la polémica y mantener bajo perfil para no comprometer la relación con Palacio Nacional ni con Estados Unidos. En el Verde se entiende que un conflicto diplomático con Washington —que ejerce influencia en migración, seguridad y cooperación internacional— podría tener un costo mayor que cualquier ganancia política.
Más aún, dentro del partido se percibe este episodio como un llamado a la prudencia. El mensaje implícito es que la confrontación abierta no solo enfriaría sus reclamos de candidaturas, sino que podría exponer al Verde a una presión internacional que desborde sus capacidades de control narrativo.
Tensión con Morena: la disputa por las gubernaturas
Lo más significativo es que este incidente se suma a una tensión creciente entre el Verde y Morena. En varios estados, la dirigencia verde ha buscado ampliar su margen de negociación demandando más candidaturas a gubernaturas para 2027. Esa presión ha sido vista en Palacio Nacional como un gesto de deslealtad que amenaza la unidad de la coalición.
En términos ajedrecísticos, el Verde intenta avanzar como un peón pasado en busca de coronarse en posiciones estratégicas. Pero ese avance arriesga fracturar la coalición y exponerlo a un jaque de su propio aliado principal. Sheinbaum, cuya prioridad es preservar la hegemonía electoral, no puede tolerar que un socio menor condicione su agenda con amagos que, además, generan ruido en la relación bilateral con Estados Unidos.
El escándalo como frontera de poder
Gramsci enseñaba que la hegemonía se sostiene en consensos más que en imposiciones. La narrativa verde, basada en su utilidad como socio parlamentario, se erosiona cuando la opinión pública asocia al partido con episodios de fragilidad o con riesgos diplomáticos. La cancelación del visado no constituye un escándalo mayor, pero sí marca un límite: expone al partido a un terreno en el que no puede jugar con la misma soltura que en el ámbito interno.
El Verde, que ha hecho de la negociación su identidad, descubre que las jugadas de alto riesgo tienen consecuencias. Protagonizar conflictos con un actor como Estados Unidos puede transformar la flexibilidad en vulnerabilidad.
Prudencia, cálculo y supervivencia electoral
La reacción de la dirigencia verde —mantener la calma, evitar declaraciones y enfriar las exigencias de candidaturas— se explica por esta lógica de supervivencia. No es momento de exhibir músculo, sino de recalibrar su posición como aliado indispensable.
La lección de Sun Tzu es clara: la victoria completa se alcanza cuando se vence sin luchar. Para el Verde, eso implica mostrar utilidad en el Congreso, aportar votos y estructura electoral en estados clave, pero sin generar tensiones que desestabilicen ni a la presidencia ni a la relación bilateral.
Epílogo: entre la expansión y el repliegue
El caso de Mario López Hernández no es un simple problema administrativo: es un espejo que refleja las tensiones estructurales del PVEM. De un lado, el deseo de ampliar su poder con más candidaturas a gubernaturas; del otro, la necesidad de no romper la armonía con Morena ni abrir un frente con Washington.
El Verde, acostumbrado a moverse como caballo impredecible en el tablero político, enfrenta ahora la necesidad de jugar como torre: firme, predecible, disciplinada. Porque en este punto, tensar la cuerda más de lo debido puede convertirlo en pieza sacrificable para el jaque mate de 2027.

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