viernes, 17 de enero de 2025

El shock del escándalo político: Estrategias de poder y narrativa electoral

 



“El escándalo político es el precio que se paga por el poder, una moneda que se gasta entre luces y sombras”.


El reciente ataque político del gobernador Mauricio Kuri contra el diputado federal de Morena, Gilberto Herrera, marca el banderazo de salida para la contienda electoral de 2027 en Querétaro. Lo que a simple vista podría parecer una ofensiva aislada, adquiere otro significado cuando se analiza bajo la óptica de la estrategia política y el impacto del escándalo en la narrativa transmedia. Este episodio, orquestado con precisión, ilustra cómo el escándalo es un arma que polariza, moviliza y condiciona la percepción pública.


El escándalo como estrategia política


En “El Arte de la Guerra”, Sun Tzu afirma: “Toda guerra se basa en el engaño”. En política, el escándalo funciona como un campo de batalla donde el golpe no siempre busca destruir al adversario, sino debilitarlo, sembrar dudas y movilizar a las bases propias. En este caso, las denuncias por presuntos desvíos de 320 millones de pesos durante la gestión de Herrera como rector de la UAQ no solo pretenden erosionar su imagen pública, sino también encuadrar su figura como un símbolo de corrupción en un estado históricamente adverso a Morena.


La narrativa, impulsada por el excontralor Alejandro Ramírez y amplificada por el fiscal general, no es accidental. Ambos personajes, marcados por su propio historial de escándalos —desde la negligencia en casos de acoso en la UAQ hasta el caso Esmeralda—, son piezas clave en un ajedrez político diseñado para golpear sin comprometer directamente al gobernador. Esta táctica, que Sun Tzu describiría como “usar espadas prestadas”, permite que Kuri se mantenga por encima del conflicto mientras su ejército mediático libra la batalla.


El shock del escándalo: Anatomía de una narrativa electoral


Braulio González, en El shock del escándalo político: La Estrategia del Poder en la Era Transmedia (2024), argumenta que el escándalo no solo es inevitable en la política moderna, sino que se ha convertido en una herramienta indispensable en la construcción de narrativas. En el caso de Querétaro, el gobernador Kuri emplea el escándalo como un “evento sísmico” que sacude la esfera pública y obliga a la opinión pública a tomar partido.


La era transmedia permite que estas historias se fragmenten y repliquen en múltiples plataformas, desde redes sociales hasta medios tradicionales. El resultado es una narrativa omnipresente, diseñada para maximizar el impacto emocional y cognitivo. Herrera, por su parte, responde con una contra-narrativa clásica: victimización y denuncia de persecución política, lo que le permite mantener a su base movilizada y reafirmar la imagen de un Morena que desafía al poder hegemónico del PAN.


El escándalo como recurso de desgaste y legitimación


En política, nada es casualidad. La sincronización del ataque contra Herrera con el anuncio de aspiraciones de Sinhue Piedragil, diputado local cercano a la Corregidora, muestra cómo el escándalo puede servir a múltiples propósitos: debilitar a un adversario mientras se legitima a otro. En palabras de Sun Tzu: “Golpea al enemigo donde menos lo espere”.


El gobernador no solo busca socavar la candidatura de Herrera, un perfil sólido para Morena, sino también enviar un mensaje a sus aliados y adversarios internos: en Querétaro, las líneas de batalla ya están trazadas. La maniobra de Piedragil al apoyar el presupuesto del PAN es un movimiento estratégico que ruboriza incluso a los diputados panistas más leales, evidenciando la profundidad del conflicto.


Por otro lado, los escándalos son armas de doble filo. Al involucrar a figuras cuestionadas como Ramírez y el fiscal general, el PAN corre el riesgo de alimentar una narrativa de hipocresía y debilidad institucional. La historia reciente demuestra que los escándalos políticos tienen un ciclo de vida impredecible; lo que comienza como un ataque calculado puede transformarse en un boomerang que erosiona la legitimidad del atacante.


Conclusión: El escándalo como moneda de cambio


El escándalo político es inseparable de la narrativa electoral moderna. En un contexto donde los golpes mediáticos definen la percepción pública, las campañas ya no son exclusivamente batallas de propuestas, sino guerras de narrativas donde el shock y la polarización son armas recurrentes.


Mauricio Kuri ha desplegado una estrategia que combina elementos de desgaste y polarización, pero los próximos meses serán decisivos para medir su efectividad. Como lo señala González (2024): “El político que se lanza al campo de batalla mediático sabe que el escándalo no solo lo define como estratega, sino también como objetivo”.


Gilberto Herrera, mientras tanto, deberá demostrar si está preparado para resistir el impacto del escándalo y transformar el ataque en una plataforma que consolide su candidatura. La narrativa electoral de 2027 en Querétaro ya está en marcha, y el escándalo será, como siempre, la moneda que se gasta entre luces y sombras.


Referencias


González, B. (2024). El shock del escándalo político: La Estrategia del Poder en la Era Transmedia. Editorial AZPOL Comunicación.


Sun Tzu. (2018). El Arte de la Guerra (Traducción de D. Santillán). Editorial EDAF.


domingo, 12 de enero de 2025

El Zócalo como símbolo: Justicia social y hegemonía en los 100 días de Claudia Sheinbaum

 




“El Zócalo lleno es el corazón del pueblo que late al ritmo de la justicia social y la transformación.”



En su mensaje con motivo de los primeros 100 días de gobierno, Claudia Sheinbaum consolidó la narrativa del populismo de la Cuarta Transformación (4T): una política que se construye sobre la justicia social, la legitimidad popular y la movilización del pueblo como actor central. El Zócalo de la Ciudad de México, lleno hasta sus límites, no fue solo un escenario, sino un símbolo de poder y hegemonía popular que define a este gobierno.


Como afirman Bibieri y Cadahia (2022) en Siete ensayos sobre el populismo, el populismo no es solo una forma de gobernar, sino una manera de articular el vínculo entre el pueblo y el poder. Este acto de movilización en el Zócalo encarna el núcleo de esa idea: la plaza pública es el lugar donde se manifiesta el poder del pueblo. En este contexto, el populismo de la 4T no debe entenderse como una estrategia demagógica, sino como un proyecto de construcción de hegemonía que responde al mandato de quienes han sido históricamente excluidos.


El Zócalo como expresión de legitimidad


El Zócalo lleno no es solo un hecho logístico, es una representación tangible de legitimidad política. Como lo señala Monedero (2019) en El gobierno de las palabras, “las palabras en política no son solo declaraciones, son actos que convocan a la acción”. En este caso, el acto de llenar la plaza más emblemática del país reconfigura el poder político como un pacto colectivo entre gobernantes y gobernados.


En su discurso, Sheinbaum destacó que “el humanismo mexicano será el eje rector” de su administración. Esta afirmación, lejos de ser una frase retórica, es la consolidación de un discurso político que pone a la justicia social como fundamento de su legitimidad. La referencia a que “por el bien de todos, primero los pobres” conecta directamente con el ethos fundacional de la 4T, reforzando la narrativa de que este gobierno no traiciona a su base, sino que la fortalece.


Justicia social y la reivindicación del pueblo


El populismo de la 4T, como proyecto político, se define por su compromiso con la justicia social. Los logros destacados en estos primeros 100 días –como el aumento del salario mínimo, la histórica generación de empleos formales y la erradicación de la corrupción como principio rector del gasto público– no son solo políticas públicas, sino actos de justicia histórica.


Como sostienen Bibieri y Cadahia (2022), el populismo tiene la capacidad de resignificar las instituciones para que respondan a las demandas del pueblo. Esto se evidencia en la reforma al poder judicial impulsada por Sheinbaum, la cual busca democratizar la justicia al permitir la elección de jueces y magistrados. Este acto no solo transforma las estructuras del poder judicial, sino que las convierte en un vehículo para la redistribución de poder hacia quienes han sido históricamente excluidos.


Hegemonía y simbolismo político


La 4T no solo gobierna, construye hegemonía. En palabras de Monedero (2019), “la hegemonía se construye desde la capacidad de conectar con las emociones colectivas y transformar el sentido común”. El Zócalo lleno no es únicamente un evento político; es un acto performativo que refuerza el simbolismo del pueblo como el sujeto histórico de la transformación.


La narrativa de Sheinbaum, centrada en la justicia social y en la lucha contra el modelo neoliberal, se articula con fuerza a través de símbolos y acciones que conectan con las demandas populares. Este gobierno no se define por promesas vacías, sino por hechos que materializan el ideal de “gobernar con el pueblo y para el pueblo”.


El populismo de la 4T como respuesta histórica


El populismo de la 4T, lejos de ser un fenómeno pasajero, responde a un momento histórico en el que la democracia y la justicia social son inseparables. La movilización en el Zócalo reafirma que el poder popular no es una abstracción, sino una fuerza viva que legitima las acciones del gobierno.


Claudia Sheinbaum, al rendir cuentas de sus primeros 100 días, no solo destacó los logros de su administración, sino que consolidó un discurso que articula justicia social, legitimidad y simbolismo. Este es un gobierno que, como ella misma afirmó, no traiciona y no regresa al pasado. La 4T no solo gobierna, transforma, y en esa transformación radica su capacidad para construir hegemonía.


Referencias


Bibieri, P., & Cadahia, L. (2022). Siete ensayos sobre el populismo. Editorial Akal.


Monedero, J. C. (2019). El gobierno de las palabras: Política para tiempos de confusión. Akal.


viernes, 10 de enero de 2025

Claudia Sheinbaum y el Ajedrez Político de la Cuarta Transformación

 


“Mientras la oposición espera el fracaso, Claudia Sheinbaum mueve las piezas para construir el futuro.”


Cuando el tablero político se encuentra marcado por tensiones internas y presiones externas, las decisiones estratégicas de un líder adquieren una relevancia mayúscula. Los primeros cien días de Claudia Sheinbaum al frente del Ejecutivo ofrecen una ventana para analizar no solo su capacidad de respuesta ante las emergencias, sino también su habilidad para diseñar un proyecto de largo plazo. En este escenario, la metáfora del ajedrez resulta útil: cada movimiento debe ser calculado, anticipando reacciones y resultados. ¿Cómo ha jugado Sheinbaum sus primeras partidas en un entorno marcado por incertidumbre y desafíos estructurales?


La legitimidad como eje central


Sheinbaum asumió el cargo con el doble reto de consolidar su liderazgo dentro del movimiento de la 4T y demostrar su capacidad de mantener la continuidad del proyecto de transformación. La transición tras un dirigente tan carismático como López Obrador habría sido una tarea titánica para cualquier político. Sin embargo, Sheinbaum ha optado por una estrategia de legitimidad basada en la acción visible: enfrentarse cara a cara con las crisis, desde la violencia en el sureste hasta la inestabilidad económica heredada, enviando un mensaje claro de que hay alguien al timón.


Este enfoque responde a una regla esencial del poder descrita por Maquiavelo en El Príncipe: un líder que asume un entorno turbulento debe proyectar fortaleza, incluso si ello conlleva desgaste. Para Sheinbaum, su presencia constante en los focos de tensión ha sido clave para evitar vacíos de poder y construir confianza en un momento crítico.


Navegar en aguas turbulentas


Los primeros meses de Sheinbaum han estado marcados por emergencias simultáneas: una reforma judicial difícil de aterrizar, la violencia recrudecida en puntos clave del país y las secuelas de una economía que arrastra años de desinversión pública. Estos desafíos requieren decisiones rápidas y pragmáticas, a menudo bajo el principio de Sun Tzu en El Arte de la Guerra: elegir el menor de los males para preservar el terreno estratégico.


Por ejemplo, la aprobación de un presupuesto limitado pero enfocado en programas sociales prioritarios no solo busca responder a las necesidades inmediatas, sino también reforzar el proyecto político que Sheinbaum representa. La narrativa aquí es crucial: no se trata solo de administrar recursos, sino de reforzar la visión de un Estado que combate la desigualdad.


El tablero internacional: Trump como oponente inesperado


El entorno internacional ha añadido una capa de complejidad a las primeras jugadas de Sheinbaum. La reelección de Donald Trump en Estados Unidos implica un replanteamiento del modelo económico mexicano, profundamente dependiente del comercio norteamericano. Las amenazas de políticas proteccionistas y la incertidumbre en las cadenas de suministro han obligado a la administración a reforzar alianzas estratégicas en otros frentes, mientras intenta mantener la estabilidad macroeconómica.


En este punto, la estrategia de Sheinbaum se alinea con la máxima de Greene en Las 48 Leyes del Poder: “Planea hasta el final”. Al priorizar la diversificación de mercados y asegurar la confianza en la economía nacional, Sheinbaum busca construir un margen de maniobra que le permita resistir embates externos.


Trabajo en tierra y construcción de hegemonía


Uno de los mayores aciertos estratégicos de Sheinbaum ha sido su enfoque en el trabajo territorial. En un contexto donde la oposición carece de una narrativa propositiva, limitándose a esperar el fracaso del gobierno, Sheinbaum ha movilizado la estructura de la 4T para reforzar su legitimidad desde abajo. Esto no solo responde a la necesidad de consolidar su liderazgo, sino que también sienta las bases para enfrentar los retos electorales que se avecinan.


El enfoque territorial, combinado con un uso inteligente de las redes sociales para amplificar mensajes clave, permite a Sheinbaum conectar con diversas audiencias y contrarrestar la narrativa pesimista de sus detractores. En términos de Ganar o morir, de Pablo Iglesias, esta estrategia refuerza la idea de que la política es, ante todo, una batalla por la hegemonía cultural y narrativa.


Hacia una estrategia de largo plazo


Los primeros cien días de cualquier administración son, en gran medida, reactivos. Sin embargo, Sheinbaum ha dado señales claras de una visión estratégica a largo plazo. La reestructuración de Pemex, el impulso a la transición energética y la atención a la crisis de seguridad no son solo medidas inmediatas; son movimientos en un tablero complejo que buscan garantizar un legado transformador.


Como en el ajedrez, las primeras jugadas de Sheinbaum han consistido en proteger su flanco débil mientras prepara el terreno para un ataque más estructurado. La clave estará en consolidar estas primeras acciones en un plan coherente que le permita avanzar hacia una “velocidad crucero” en los próximos meses.


Conclusión: La paciencia estratégica


Es absurdo valorar los primeros tres meses de un gobierno con juicios definitivos. Como un ajedrecista que apenas inicia una partida complicada, Sheinbaum ha mostrado capacidad para sortear las primeras emergencias sin perder de vista el objetivo final. En un entorno marcado por incertidumbre y oposición hostil, su habilidad para construir legitimidad, mantener la estabilidad y proyectar una visión de largo plazo será clave para definir el éxito de su administración.


La lucha por el poder es el motor de la política, y en este juego, Claudia Sheinbaum parece estar jugando con la mirada puesta en el jaque mate.


miércoles, 8 de enero de 2025

La guerra del relato: Fentanilo y la lucha narrativa entre México y Estados Unidos

 



“El fentanilo no solo mata, también disputa el poder de las palabras en una guerra de relatos que trasciende fronteras.”

Estimados lectores, en esta edición de Mirada Crítica los invitamos a adentrarse en las entrañas de la narrativa política, esa herramienta sutil pero poderosa que moldea percepciones, moviliza emociones y construye realidades. La narrativa política no es solo comunicación; es un ejercicio de poder que define el curso de los acontecimientos y la manera en que los comprendemos.


Hoy exploraremos cómo la reciente cobertura del New York Times sobre el fentanilo ha detonado una batalla de relatos entre México y Estados Unidos. Este enfrentamiento no solo busca exponer hechos, sino también influir en la percepción pública y en las decisiones políticas en ambos lados de la frontera. Entender el manejo del poder a través de estas narrativas nos permitirá analizar cómo los actores involucrados —gobiernos, medios y sociedad— construyen relatos que pueden cambiar el rumbo de una crisis global.


El relato sensacionalista del New York Times


The New York Times publicó un artículo que señalaba a México como el epicentro de la producción de fentanilo. En él se describía un supuesto laboratorio clandestino en Culiacán donde “cocineros” manipulaban fentanilo sin equipo de protección. El texto, acompañado de imágenes, buscaba captar la atención global con un enfoque sensacionalista que fue rápidamente desmentido por las autoridades mexicanas.


El medio apeló al morbo para construir su narrativa, destacando condiciones extremas y peligrosas sin ofrecer evidencia científica sólida. Esta estrategia, aunque efectiva para captar audiencias, tiene un costo político significativo: alimenta estigmas sobre México, proyectándolo como un país incapaz de controlar su territorio y desbordado por el crimen organizado.


Al simplificar un problema complejo, esta narrativa refuerza la idea de que el combate al fentanilo depende únicamente de México, una visión que ignora las dinámicas transnacionales de esta crisis.


La narrativa del gobierno mexicano: Proyección de control


Frente a las acusaciones, el gobierno mexicano ha respondido con una narrativa que busca proyectar legitimidad y control. Aunque reconoce la gravedad de la crisis del fentanilo, se esfuerza por destacar sus logros en la lucha contra el narcotráfico, subrayando su cooperación con Estados Unidos y su compromiso con la seguridad nacional.


En este relato, las autoridades mexicanas han enfatizado avances como la desarticulación de redes criminales, la incautación de cargamentos y la reforma de las instituciones de justicia. Además, han señalado que los cárteles operan en ambos lados de la frontera, cuestionando la narrativa estadounidense que presenta a México como el único responsable de la crisis.


Sin embargo, esta narrativa enfrenta desafíos internos y externos. Internamente, la percepción ciudadana sobre la seguridad y la justicia sigue siendo negativa, mientras que, a nivel internacional, la tensión con la narrativa estadounidense limita la efectividad de los mensajes mexicanos en el escenario global.


Estados Unidos: La amenaza invisible del fentanilo


Por su parte, Estados Unidos ha construido una narrativa centrada en las devastadoras consecuencias del fentanilo en su territorio, destacando las miles de muertes causadas por sobredosis cada año. En este relato, México es presentado como la fuente principal del problema, con los cárteles como actores clave en la producción y distribución de opioides sintéticos.


Informes de la DEA y otras agencias estadounidenses subrayan que, a pesar de la cooperación bilateral, México sigue siendo un eslabón débil en la lucha contra el fentanilo. Sin embargo, esta narrativa omite una parte crucial de la ecuación: la alta demanda de opioides en Estados Unidos y la responsabilidad de sus propias instituciones en el control de la crisis.


Este enfoque unilateral, aunque políticamente conveniente, limita la posibilidad de una solución integral y refuerza estereotipos que complican la cooperación binacional.


La narrativa como herramienta de poder


Las narrativas políticas tienen una función clave: no solo informan, sino que también movilizan emociones, moldean percepciones y legitiman acciones. En este caso, cada actor ha utilizado la narrativa de manera estratégica:

• The New York Times emplea un enfoque sensacionalista que busca generar indignación y urgencia, apelando al miedo y al asombro.

• El gobierno mexicano apela al patriotismo y a su compromiso con la justicia, proyectando avances en un contexto adverso.

• Estados Unidos utiliza una narrativa empática que pone en el centro a las víctimas, construyendo un sentido de urgencia para justificar sus políticas.


Estas narrativas no solo reflejan intereses políticos, sino que también muestran cómo el control del relato puede determinar el curso de una crisis y la percepción pública de sus actores.


Hacia una narrativa efectiva y colaborativa de México


Para enfrentar la crisis del fentanilo, es crucial construir una narrativa que supere la culpa y el sensacionalismo, y que promueva una visión de responsabilidad compartida y cooperación. México y Estados Unidos tienen la oportunidad de liderar con un relato que integre la seguridad, la salud pública y la justicia social, enfocándose en soluciones integrales y sostenibles.


Una narrativa efectiva debe inspirar esperanza y compromiso, movilizando tanto a las instituciones como a la sociedad civil. El fentanilo no es solo un problema de seguridad, sino también un desafío de salud pública que requiere enfoques innovadores y colaborativos.


Conclusión


La lucha narrativa sobre el fentanilo es un reflejo de las tensiones políticas y sociales entre México, Estados Unidos y los medios de comunicación. Más allá de los hechos, esta batalla por el relato define cómo se percibe esta crisis y cómo se diseñan las soluciones. En este contexto, quien logre conectar más profundamente con sus audiencias tendrá la capacidad de influir en el rumbo de las políticas públicas y en la cooperación binacional.